martes, 16 de septiembre de 2008

■ Esa actitud conviene al poder, pero no creo que seamos así por naturaleza: Mauricio Bares

“El Estado y la tv han creado un mexicano patriotero y llorón”

■ En su nuevo libro, el personaje –como el escritor– decide que su vida no terminará en tragedia, como si fuera un corrido o una ranchera

■ “Prefiero la idea de Chava Flores a la de José Alfredo Jiménez, ya que fue más crítico... yo no me he querido matar cuando me dejan”, afirmó

Arturo Cruz Bárcenas

La Jornada',650,600); return false;"> Ampliar la imagen Todos los países son nacionalistas y tienen sus fiestas, pero los que son más patrioteros, más nacionalistas, son los que viven peor. En un país justo no se hallan banderas por todos lados y menos banderotas, afirma el autor de Ya no quiero ser mexicano, Mauricio Bares Todos los países son nacionalistas y tienen sus fiestas, pero los que son más patrioteros, más nacionalistas, son los que viven peor. En un país justo no se hallan banderas por todos lados y menos banderotas, afirma el autor de Ya no quiero ser mexicano, Mauricio Bares Foto: Archivo La Jornada

Septiembre es el mes de la patria y así se publicita en todos los medios posibles; se recuerda que sólo por el hecho de ser mexicano vale la pena vivir y se refuerza la idea de familia integrada, unida alrededor de la mesa; hasta la comida picante es elevada a símbolo de identidad. Y se olvida el pasado, la realidad. ¿Qué se festeja? El país tiene un pasado de esclavitud, que junto con José Alfredo Jiménez, la televisión, la falta de educación, las telenovelas y el síndrome del jamaicón (fracasar en el extranjero por extrañar el terruño) han creado un mexicano patriotero y no patriota, llorón, dependiente de su mamá, “pero esa forma de ser conviene al poder, a los ricos, al Estado, porque el mexicano ve normal la tragedia. Desde niño decidí no ser así”, expresó en entrevista Mauricio Bares, autor del libro de crónicas Ya no quiero ser mexicano (Editorial Nula).

El escritor autodidacta abomina septiembre, el llamado –en la televisión abierta– Mes de la Patria. En el libro aborda “los estereotipos que tenemos sobre la mexicanidad. El personaje, igual que yo, nació en el centro del Distrito Federal, a la vuelta del Barrio Chino, y le toca vivir eso de la riqueza cultural, con un montón de emigrados cubanos; todo en los años 70.

“Ve que los que crecen a su alrededor, en un medio de borrachera, terminan sus vidas en tragedia, como si su vida fuera un corrido o una típica ranchera. El personaje decide que él no va a ser lo mismo. Sale del país y cuestiona todas estas nociones de mexicanidad”.

Agregó que la idea de que el mexicano es como es y que no va a cambiar es fatalista, “pero difundir ese concepto en la televisión o en la música es algo que siempre beneficia a una clase social y a un grupo gobernante. Si los mexicanos creen que serlo es ponerse a llorar y terminar en la cantina y acabar las borracheras con José Alfredo Jiménez, no estoy de acuerdo.

Pobres por destino

“Al Estado le conviene que el mexicano sea así; total, cada nueva tragedia es siempre algo más que lamentar, sin culpables a quién señalar. Flaubert lo decía y Roger Bartra también, al referirse a la jaula de la melancolía. Hay quien ha dicho que el mexicano es así; que siempre falla, señaló Octavio Paz, pero yo no creo que el mexicano sea así por naturaleza. Es algo que uno aprende. Fuimos un país esclavo, una colonia y a los que tenían ese poder les convenía que los indios fueran dóciles.

“Desde entonces la gran mayoría sigue pobre y lo siguen achacando a cuestiones del destino o de una naturaleza con la que no estoy de acuerdo. Hay una enseñanza para hacernos chillones, cobardes, valentones cuando no es importante. Cualquiera cree que agarrarse a machetazos es un acto de hombría; a mí me tocó conocer a un montón de mexicanos en el extranjero que a las dos semanas estaban llorando por el clima, porque no tenían a su mamá, sus taquitos.

“Me quedó claro que eso era por una enseñanza cultural, con un fin específico. Prefiero la idea del mexicano de Chava Flores a la de José Alfredo Jiménez. Eso de un mexicano llorando en una cantina y jurando vengarse, queriendo matarse... Yo no he querido matarme cuando me han de dejado, ni me he vestido de charro. Se me hace más divertido lo de Chava de ¡ya llegaron los gorrones!

“Chava, dentro de lo suyo, fue un poco más crítico. Ve las pachangas de hoy: están en Insurgentes oyendo música en su carro, pero a las tres de la mañana todo mundo está cantando a José Alfredo o a José José, y se quieren desgarrar las venas. Mucha gente no es así.

“Y todos estos gritos patrióticos de un día, y banderitas y trompetillas. Este mes no me cae nada bien. Todos los países son nacionalistas y tienen sus fiestas, pero los que son más patrioteros, más nacionalistas, son los que viven peor. En un país justo no se hallan banderas por todos lados y menos banderotas.

“Aquí la televisión hace lo que en ningún lado: se apropió de valores de una cultura hasta hacer una caricatura grotesca. Los personajes y las telenovelas lo son, al igual que las mujeres. Es cada vez más ignorante y vulgar. Eso desde hace 40 años. La televisión aquí es una de las peores cosas que pudo haberle pasado al país. Y las películas, los dramas… las hubo en Argentina o Inglaterra, pero en México esta idea lacrimosa se ha hecho predominante por medio de la música, de las telenovelas, del cine. La televisión hoy organiza actos populares de gran dimensión, como el Carnaval de Veracruz, que ya es un programa de tele.

“En el mundo no ves una empresa de televisión como la que hay en México. Para los mexicanos es como normal asociar la televisión a una empresa. Al mexicano le hace falta salir a otros países para que compare, aunque también existe la visión opuesta, de que todo lo del extranjero es mejor.”

Su libro hace un ajuste de cuentas con los estereotipos del mexicano de manera muy vivencial. Para comunicarse con el autor: 04455-2955-9836.

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