miércoles, 23 de marzo de 2011

Presentan hoy Te han quitado la promesa de ser viento..., de Abilio Vergara y Ricardo Pérez

“La fuerza de las rolas de Rockdrigo proviene de su problema existencial”

La vida y aportes del llamado Profeta del Nopal son abordados desde una visión antropológica por los autores del libro

Es un compositor de la levedad, afirman

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Rockdrigo no tuvo tiempo para erigirse en el poeta urbano por excelencia, comentan Vergara Figueroa y Pérez Rovira. La imagen,el oriundo de Tamaulipas en su departamento de la calle de Bruselas en julio de 1985Foto Fabrizio León Diez
Juan José Olivares

La vida y obra de Rodrigo Eduardo González Guzmán (1950-1985), conocido como Rockdrigo, quien encabezó el movimiento cultural urbano de Los rupestres –músicos que se expresan en las fronteras del rock y la trova–, son abordadas desde la mirada antropológica de Abilio Vergara Figueroa y Ricardo Pérez Rovira, creadores del libro Te han quitado la promesa de ser viento: Imaginarios del ser, de la ciudad y del tiempo en Rockdrigo, que se presentará este miércoles en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) a las 17 horas.

Para Rockdrigo, Los rupestres son artistas sencillos, no la hacen mucho de tos con tanto chango y faramalla, como acostumbran los no rupestres, pero tienen tanto que proponer con sus guitarras de palo y sus voces acabadas de salir del ron; son poetas y locochones; rocanroleros y trovadores.

Ese lenguaje peculiar de Rockdrigo, personaje que deleitaba y conmovía, es parte esencial de esta investigación, que pretende no sólo ser una biografía, sino mostrar el aporte musical del llamado Profeta del Nopal y su mundo nostálgicamente bucólico.

El libro, cuyos autores lo dedican al diario La Jornada, a la revista Proceso y a la periodista Carmen Aristegui, reconoce el trabajo artístico del músico, así como la creación de un imaginario de la ciudad de México, presente en muchas de las letras de este juglar contemporáneo. Muchas de sus emblemáticas rolas, aseguran los autores, están en la profundidad de sus problemas socioexistenciales. Los fragmentos de su vida son resumidos en piezas musicopoéticas cimentadas en historias dedicadas a la urbe y al ser mismo, a la introspección.

“Las principales imágenes, fuerza de la poética de Rockdrigo, provienen del tiempo. Se confronta con su época, con las utopías (…)”, expresan los autores en la introducción del libro (Ediciones Navarra). Destacan la amplia y profunda vigencia de la producción creativa, figura y pensamiento de este creador, de quien en las calles defeñas se siguen escuchando sus melodías y muchos jóvenes continúan buscando su música.

Con Rodrigo González, dijo alguna vez el escritor José Agustín, se tiene de entrada un rock más complejo, crítico, inteligente y muy mexicano.

En el texto, los antropólogos señalan: Rockdrigo es un compositor de la levedad porque utiliza figuras aéreas, etéreas, dinámicas, cósmicas, abismales, ascensionales, temporales y espaciales y, si bien algunos de sus versos anclan en diversos territorios, lo hacen planeando por ellos, salvo en los casos en que quiera figurar la cosificación del tiempo.

Figuras retóricas

Entre las figuras retóricas que los investigadores sociales encuentran en la producción lírica del músico, oriundo de Tampico, están comparación, dicción, oxímoron, silepsis, metáfora y metonimia, devenidas clavadez (por un personaje muy popular) que da buen sustento al libro, dividido en varios capítulos, en los que también se da cuenta de sus orígenes hasta la creación del movimiento rupestre; no olvida dar detalles de su encuentro con este ente vivo de millones de cabezas que es la ciudad de México: su urbe adoptiva, en la que se volcó y la cual presenció su muerte.

Los autores analizan retóricamente las piezas más importantes del roquero, hasta descubrir las catarsis variadas de quien ya no tuvo tiempo (luego de su muerte en el terremoto de 1985, cuando la vecindad donde vivía se vino abajo) para erigirse en el poeta urbano por excelencia.

Te han quitado la promesa de ser viento... es un reconocimiento para Rockdrigo, pero también a esos rupestres que, aseguran los autores del libro, aún en nuestros días deambulan por el Distrito Federal.

La ENAH se ubica en calle Zapote esquina con Periférico Sur, en la colonia Isidro Fabela.

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