sábado, 5 de julio de 2008

LASTIMA QUE EL CUATEMOCHAS CHAQUETEARA Y HASTA LA FECHA ANDE DANDO TUMBOS, EL GENERAL CARDENAS SE RETUERCE EN SU TUMBA POR DICHAS PENDEJADAS:

1988: la caída del sistema

■ A 20 años, Ímaz, Ordorika y Santos hablan de sus experiencias y “del mal sabor de boca actual”

El impulso universitario a Cárdenas hizo que clases medias ilustradas lo apoyaran

■ Hubo amenazas de autoridades de la UNAM y federales, recuerdan los dirigentes del CEU

Roberto Garduño

Imanol Ordorika, Antonio Santos y Carlos Ímaz durante el diálogo del Consejo Estudiantil Universitario con la rectoría, el 27 de enero de 1987 Imanol Ordorika, Antonio Santos y Carlos Ímaz durante el diálogo del Consejo Estudiantil Universitario con la rectoría, el 27 de enero de 1987 Foto: Rogelio Cuéllar, archivo de La Jornada

La confluencia política y social entre el movimiento estudiantil universitario y el cardenismo aportó al desarrollo democrático nacional la reivindicación constitucional de la educación pública obligatoria y gratuita, y detonó la conformación de una organización partidista de izquierda que, heredera de la burocracia ideológica y de intereses personales o de grupo, conduce al PRD por la ruta del fracaso.

Actores esenciales en la inserción del Movimiento al Socialismo (MAS) al proceso político electoral de 1988, Imanol Ordorika, Antonio Santos y Carlos Ímaz exponen las circunstancias del encuentro entre los líderes del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), que se deslindaron de las siglas de aquel movimiento, y la Corriente Democrática Nacional encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas.

Con las medidas, que no reformas, propuestas por el entonces rector de la UNAM, Jorge Carpizo, se dieron las condiciones de un movimiento social entre los estudiantes; un nacionalismo de izquierda que impulsaba la defensa de la educación superior pública y el derecho a la participación democrática en la gestión de la universidad, y el Frente Democrático enarbolaba “el papel del Estado en la conducción de la economía y su responsabilidad en el terreno de la salud y la educación, puntos que de alguna manera eran coincidentes con el movimiento estudiantil”, refiere Ordorika.

¿Por qué tomamos la decisión de ir con Cárdenas? –recuerda Antonio Santos: “veíamos la posibilidad de construir una alternativa que hiciera que la defensa de la educación pública trascendiera los muros universitarios; considerábamos que participar en el proceso nos permitiría cumplir una serie de metas generadas en el CEU, y no quedarse al margen, además de que creíamos que los resultados del Congreso podrían ser mejores si obteníamos una buena votación en el Distrito Federal, que era donde nosotros podríamos participar e influir directamente”.

Para Carlos Ímaz, en aquella época el Consejo Estudiantil Universitario tomó la decisión de no participar como tal en el proceso electoral; señala que el movimiento no podía subsumir dentro de sí mismo las opiniones políticas o corporativizar las preferencias de los estudiantes. Por tanto, como movimiento, como consejo estudiantil, no participó y se dejó en libertad a todos sus miembros para hacerlo con quien quisieran.

“Esta fue una definición muy adelantada en su tiempo –considera Ímaz–, porque enfrentábamos una historia de corporativismo. Hubo una especie de encuentro con lo que se llamaba cardenismo, pero es un encuentro que venía de antes.

“En las universidades, por ejemplo en mi caso, yo estuve en la de Guerrero, y el proyecto de lo que se llamó la Universidad Pueblo en Guerrero rescataba la iniciativa nacional popular del cardenismo en términos del desarrollo de la educación pública, pero además, con las condiciones necesarias para que los estudiantes pudieran no sólo llegar a la enseñanza, sino mantenerse en ella”.

Un acto que definitivamente propició el respaldo de miles de jóvenes a la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas ocurrió el 26 de mayo de 1988 en Ciudad Universitaria, donde el Movimiento al Socialismo organizó un significativo acto masivo.

Antonio Santos recuerda las presiones que las autoridades de diverso calado ejercieron sobre el movimiento estudiantil para orillarlo a desistirse del respaldo al candidato presidencial: “para tratar de impedir que participáramos efectivamente en la elección, intervinieron las autoridades de la universidad y, en un segundo capítulo, las federales; nos llegaron mensajes de todo tipo, desde amenazas veladas hasta directas de funcionarios del gobierno de que algo podía ocurrir en el mitin de Ciudad Universitaria”.

En aquel acto, señala Carlos Ímaz, se insertaron al movimiento de Cárdenas las clases medias urbanas; fue “una insurgencia social aquel gran acto en Ciudad Universitaria; creo que era un fenómeno que rompía el argumento aquel de que el cardenismo era un elemento nostálgico que sólo ataría a los campesinos que habían sido beneficiados por la reforma agraria del general. Entonces, de repente, aparece que, entre comillas, las clases medias ilustradas se vuelcan masivamente a este proceso. Creo que en eso hubo un impacto político enorme, porque potenció, catapultó la candidatura, le dio una dimensión social interclasista también muy fuerte, y creo que, efectivamente, eso abre realmente la disputa electoral como un mecanismo posible para la transformación del país”.

Efectivamente, para Imanol Ordorika, el movimiento era impulsado desde el campo y se le caracterizaba como un movimiento del México atrasado, rural y nostálgico del cardenismo, y la enorme virtud del acto en Ciudad Universitaria fue que representó la expresión urbana e ilustrada, digamos.

Con crudeza, refiere el caso de dos personajes aún vigentes en la oposición, quienes pretendían obstaculizar el acto masivo en la UNAM: “hubo gente dentro del FDN, en concreto Porfirio Muñoz Ledo, que en su momento hizo un acuerdo con el rector para sacar el acto de CU; yo viajé a Culiacán para hablar con Cuauhtémoc, para decirle que Muñoz Ledo planteaba que el acto se realizara en el cruce de avenida Universidad y Copilco, en lugar del campus, y me dijo: ‘el acto lo están organizando ustedes, es donde ustedes digan’.

“Había esa tradición que representa tanto Muñoz Ledo, la de la negociación priísta; él no entendía, ni entendió nunca, la dimensión, ni del movimiento cardenista ni del acto en CU.

“A la luz de la trayectoria de Muñoz Ledo, que ha ido y venido, se entiende perfectamente esta situación. Por el lado del gobierno federal sólo recuerdo ese comentario de Camacho Solís, cuando nos dijo: ‘recuerden ustedes que el aparato represivo del Estado está intacto’, eso para mí no es velado; nos dijo que nos podían reprimir”.

A 20 años de distancia, la visión del movimiento político que se generó entonces tiende al pesimismo. Ímaz responde así: “nos deja enseñanzas en términos de la capacidad represiva del Estado, cuyas secuelas se vivieron inmediatamente después, con un saldo de 600 muertos del PRD, y, al mismo tiempo, su capacidad de cooptación con algunos intelectuales. Finalmente, al mismo tiempo también nos deja hoy un amargo sabor, diría yo, por decirlo de alguna manera, las dudas, las tibiezas actuales del ingeniero Cárdenas”.

La izquierda que no ha sabido hacer una elección interna

Con más optimismo, Santos refiere que el PRD es un gran partido, no obstante que luego de más de 100 días de su elección interna aún no conoce el nombre de un ganador a su dirigencia nacional.

“Somos la izquierda que no ha sabido hacer una elección interna. Yo digo que tiene futuro, que las crisis también son oportunidades para avanzar y para caminar hacia adelante, pero es a condición de que dejemos a un lado los intereses particulares, personales o de grupo, y miremos otra vez al frente y pensemos en grande, porque no creo que, sea quien sea el presidente del partido, ya no tiene la autoridad que debiera tener para dirigirlo; y olvídate de las elecciones del año que viene, no es en función de eso, sino del proyecto nacional que hemos querido construir por lo menos desde el 88”.

Para Ordorika, el panorama de la izquierda electoral no ofrece expectativas de crecimiento ni de inclusión social. “Entiendo al PRD hoy, y por eso creo que ha fracasado ese proyecto político, como un gran proyecto de ganar la voluntad de la sociedad, de manera unitaria, sin sectarismo, sin pragmatismo de las alianzas tradicionales, sino ganar a la gente en la base social.

“Para mí, el CEU es el espejo frente al cual puedo ver mi propia experiencia política en la intención, no voy a decir clausurada, por ahora damnificada, de construir un enorme movimiento de izquierda del que hoy carecemos; hay movimientos muy importantes que están en muchos lugares, y que uno de los grandes errores es intentar monopolizarlos.

“Lo que estamos viviendo hoy es una enorme redefinición de los grupos y de las formas de control del gran capital, y, paradójicamente, cuando la izquierda logró sacar más votos tiene menos contenidos, menos firmeza y seguridad de cuál es su proyecto, y tiene más fragilidad que nunca, porque el sectarismo está rampante, está desatado”.

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