sábado, 4 de octubre de 2008

■ Leonardo Gómez Emilsson, de los más destacados en matemáticas

Estoy convencido del fraude, dice el joven que gritó espurio a Calderón


“Hubo fraude en 2006”

“Hubo fraude en 2006”

Andrés Gómez Emilsson, quien increpó al presidente Felipe Calderón tras haber recibido el Premio Nacional de la Juventud por ser uno de los alumnos más destacados en matemáticas, afirma estar convencido, con base en análisis estadísticos, de que se hizo trampa en los comicios de hace dos años. Sobre estas líneas se aprecia a un elemento del EMP que toma del brazo al estudiante Fotos María Luisa Severiano


■ Repliqué que no hay libertad porque no soporté el cinismo: Marco Jiménez

Claudia Herrera Beltrán

Ampliar la imagen El presidente Felipe Calderón se retira de Palacio Nacional luego de reconocer a jóvenes galardonados con el Premio Nacional de la Juventud. Atrás, la titular de la Secretaría de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota El presidente Felipe Calderón se retira de Palacio Nacional luego de reconocer a jóvenes galardonados con el Premio Nacional de la Juventud. Atrás, la titular de la Secretaría de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota Foto: María Luisa Severiano

Andrés Leonardo Gómez Emil- sson, el joven que gritó “¡espurio!” al presidente Felipe Calderón tras haber recibido el Premio Nacional de la Juventud por ser uno de los alumnos más destacados del país en el área de matemáticas, dice estar convencido, por estudios estadísticos, de que hubo fraude en las elecciones de 2006.

Ha ganado medallas de plata en las Olimpiadas Nacionales de Matemáticas y de bronce en las de Matemáticas de la Cuenca del Pacífico 2007; obtuvo el primer lugar en el concurso Leamos la ciencia para todos, del Fondo de Cultura Económica, y una presea internacional de bronce en la primera Olimpiada Juvenil de Ciencia, en Indonesia.

Ingresó a bachillerato con uno de los puntajes más altos

Además, obtuvo 120 aciertos –uno de los puntajes más altos– en el examen de ingreso al bachillerato, y tras estudiar un año en el Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Sur, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue seleccionado por la Asociación Mexicana pro Colegios del Mundo Unido, para ir a Noruega, donde actualmente cursa el segundo grado de bachillerato.

En entrevista, explica las razones de su inconformidad: “desde hace mucho tiempo decidí que Calderón no es mi presidente. He visto análisis estadísticos de las elecciones y es obvio que es un fraude. En fin, hay asimetrías estadísticas que son imposibles de explicar a menos que haya un fraude”.

Contó que al inicio de la ceremonia declinó saludar al michoacano. “Le dije: no te puedo dar la mano, y él me dijo: ‘ah bueno. Está bien, muchacho’, o algo así, y me tocó (la espalda)”.

Después, cuando recibió el premio de manos del Ejecutivo federal –que consiste en diploma firmado por el Presidente, una medalla, roseta de oro y 130 mil pesos–, recordó que no se dieron la mano.

Y decidió manifestar su inconformidad cuando Calderón hizo un reconocimiento a Eufrosina Cruz, quien dijo que da voz a las mujeres de Oaxaca para que puedan votar. “¿Por qué él no le dio voz a los mexicanos al convertirse en presidente; eso me estaba matando por dentro; no lo podía dejar pasar”, relató el muchacho de traje y peinado con cola de caballo, quien no imaginó lo que pasaría después, porque pensó que tenía “fuero” por ser uno de los premiados.

Gómez Emilsson pertenece además a una familia de académicos de larga trayectoria en la UNAM. Su abuelo, el geólogo Ingvar Emilsson, es coordinador de Plataformas Oceanográficas de la Coordinación de la Investigación Científica, y su padre, Luis Gómez Sánchez, economista y doctor en historia y sociología por la Universidad de París, fue candidato a la dirección de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la máxima casa de estudios, donde imparte asignaturas de sociología, además, en 2000 fue delegado en Tlalpan.

En tanto, Marco Virgilio Jiménez Santiago, quien formaba parte del público que asistió a la entrega de los premios y exclamó: “¡no hay libertad en este país!”, tiene 24 años, es “tesista” de la carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM e integrante del Encuentro Estudiantil Multidisciplinario Metropolitano, que presentó un proyecto de cultura democrática al Instituto Mexicano de la Juventud.

Asegura que la protesta contra Calderón fue porque “no soportaba el cinismo de los discursos y repliqué que no hay libertad”.

VIDEO LINK
www.youtube.com/watch?v=dqUmFtXwxnU

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Increpa joven a Calderón en Palacio Nacional
Andrés Gómez le grita ´espurio´ al presidente durante el mensaje que daba a los ganadores del Premio Nacional de Juventud
¡ESPURIO!

■ La libertad de expresión es un derecho internacional, señala Edgar Cortez

Grave, que el gobierno trate como criminales a personas críticas: ONG

Emir Olivares

La detención de dos jóvenes que se manifestaron en contra de Felipe Calderón durante un acto oficial se inscribe en la práctica de la criminalización de la protesta social que ha emprendido el actual gobierno, además de que vulnera la libertad de expresión de los estudiantes, derecho internacional que México está obligado a cumplir, consideraron defensores de derechos humanos.

“Es una actitud grave” de la administración federal, lo que “demuestra signos de incapacidad para reconocer que en el país existen puntos de vista diferentes al oficial”, consideró Edgar Cortez, secretario ejecutivo de la Red Todos los Derechos para Todos.

Señaló que la detención de Andrés Leonardo Gómez, de 18 años, quien fue destacado estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades (plantel sur) de la Universidad Nacional Autónoma de México, y de Marco Virgilio Jiménez Santiago, de 24 años, tesista de la carrera de Historia en la Facultad de Filosofía de la máxima casa de estudios, denota una “actitud grave, pues se da trato de delincuentes a personas críticas y con posiciones distintas a la oficial. Es una acción que se inscribe en la garantía del derecho a la libertad de expresión y de manifestación”.

El activista refirió que no existe delito qué fincar a los dos universitarios, por lo que no había razón para detenerlos, y menos aún para presentarlos ante el Ministerio Público local. “Fue una acción de intimidación para los disidentes a la postura oficial. El derecho de libertad de expresión no se sujeta a actos oficiales ni a la investidura presidencial”.

En tanto, Brisa Maya, directora del Centro Nacional de Comunicación Social, señaló que la detención de ambos jóvenes fue una acción que atentó contra la libertad de expresión de los universitarios y demostró que el gobierno de Calderón “no responde a un estado de derecho democrático” al tratar de sancionar a quienes tienen un punto de vista contrario.

Remarcó que la actitud de los jóvenes “es reflejo del enojo de un sector de la población ante la decisión electoral de 2006 (que dio un cuestionado triunfo a Calderón). Es una herida que no ha sanado y el gobierno federal no acaba de entender que esto no es fácil de olvidar”.

Alejandro Juárez, de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, consideró que fue un “acto de censura debido a que se remitió ante una autoridad a los jóvenes como si en verdad hubieran cometido un delito. Éstos sólo expresaron una opinión política que no constituye ningún delito ni infracción ante los ordenamientos legales”. Sin embargo, señaló que no podría considerarse como criminalización de la protesta.

■ “¡Espurio; no hay libertad!”, le gritaron durante la entrega del Premio Nacional de la Juventud

Increpan estudiantes a Calderón en Palacio; el EMP los lleva ante el juez

■ Leonardo Gómez Emilsson y Marco Jiménez Santiago fueron incomunicados por elementos del Estado Mayor durante casi una hora

■ Salieron libres porque “Los Pinos no levantó cargos”

Claudia Herrera Beltrán

Ampliar la imagen Marco Jiménez Santiago y Leonardo Gómez Emilsson, momentos después de ser liberados por el juez 33. El joven de la derecha fue el primero en recibir el galardón de manos del mandatario por su "excelencia académica" y quien con el puño en alto le gritó "espurio" Marco Jiménez Santiago y Leonardo Gómez Emilsson, momentos después de ser liberados por el juez 33. El joven de la derecha fue el primero en recibir el galardón de manos del mandatario por su “excelencia académica” y quien con el puño en alto le gritó “espurio” Foto: Notimex

Cuando el presidente Felipe Calderón elogiaba a la indígena Eufrosina Cruz porque alzó la voz en su comunidad y defendió el derecho de las mujeres al voto, Andrés Leonardo Gómez Emilsson, estudiante de 18 años que había recibido de manos del mandatario el Premio Nacional de la Juventud, se puso de pie en el podio, alzó los brazos y grito: “¡espurio!”.

El Ejecutivo siguió con su discurso mientras dos elementos del Estado Mayor Presidencial se colocaban detrás del joven; uno de ellos lo tomó del brazo y le ordenó: “¡cálmate!” .

Apenas habían transcurrido unos segundos cuando Marco Jiménez Santiago, quien se encontraba entre el auditorio, exclamó: “¡no hay libertad en este país, no hay libertad!”, por lo que otros dos elementos del EMP se acercaron a él, lo tomaron del brazo y se lo llevaron, mientras Calderón advertía que a diferencia de 1968, “uno de los momentos más tristes” de la historia, ahora hay libertad y “se pueden dar espectáculos como éste.

“Hoy México, como se acaba de ver nuevamente, tiene espacios de libertad y tolerancia que entonces hubieran sido inimaginables. Tiene instituciones democrática sólidas, fundamentadas en la libertad y en la pluralidad de las ideas”, expresaba un día después de cumplirse el 40 aniversario de la matanza de Tlatelolco.

Concluida la ceremonia, 15 de los 16 premiados se tomaron la foto oficial con el Presidente. Sólo faltó Gómez Emilsson, quien obtuvo el reconocimiento de mérito académico e incluso fue el primero en recibirlo, porque en ese momento fue tomado del brazo por uno de los militares, quien le dijo: “tú te vienes conmigo”, y cuando el muchacho preguntó adónde lo llevaban, la respuesta fue: “aquí a la esquinita”.

Y fue conducido a una oficina de Palacio Nacional, donde él y el otro manifestante permanecieron incomunicados, fueron interrogados y fotografiados hasta que, finalmente, en una patrulla ambos fueron remitidos al juzgado cívico número 33, de donde salieron porque la Presidencia de la República no levantó cargos en su contra.

Pero durante casi dos horas se dio una historia de confusiones en los patios de Palacio Nacional.

El padre del galardonado, Luis Gómez, académico de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, iba de un lado a otro sin que nadie le informara el paradero de su hijo. “Aquí me voy a quedar; el Presidente está hablando de la libertad de expresión y simplemente porque mi hijo dijo que no está de acuerdo lo sacaron del acto. Me parece lamentable”, decía mientras elementos del EMP le impedían el paso y empujaban a la prensa para que no cruzara el patio central.

A esa hora, Calderón ya se había ido, lo mismo que la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, quien salió apresurada para asistir al Parlamento Infantil.

La única funcionaria presente era la directora del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ), Priscila Vera, quien ante las preguntas de los reporteros sólo respondía con el silencio. “Me permiten pasar”, repetía mientras buscaba escabullirse entre los reporteros, e incluso intentó alejarse del padre del alumno premiado, pero éste le dijo: “no se vaya a desaparecer, por favor... es la única que está aquí”.

Mientras tanto, en una oficina de Palacio Nacional, los elementos del EMP hacían su interrogatorio.

“Cuando me detuvieron me torcieron el brazo, me hicieron la llave y me dejaron incomunicado aproximadamente una hora y media”, refirió después Marco Jiménez.

Luego –explicó– lo llevaron al rincón de un cuarto, lo sentaron en una silla y le pidieron una credencial. “Me dijeron: ‘cómo chingados llegaste aquí. ¿Fuiste invitado?’ Yo les dije que registramos un proyecto (en el IMJ) y que nos dejaron entrar; luego pidieron la lista y se hizo un caos”, contó el joven egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Continuó su relato: “y les dije que quiénes eran, que si eran guardias presidenciales, y me dijeron ‘te vale madres’. Estaba muy nervioso y le pregunté a uno de los jefes que adónde me iban a llevar. Me dijeron: ‘te vale madres, te vamos a sacar de aquí y ahorita le hablamos a la PFP’; entonces metieron a tres guardias que no iban armados. Les preguntaba qué me iban a hacer, a dónde me llevaban, por qué me tenían detenido y ellos me contestaron: pregúntale a tu pinche conciencia”.

Siguieron las preguntas hasta que entró el otro joven. “Hicieron que me sentara y me preguntaron agresivamente dónde y por qué estoy estudiando. Yo les decía que ya tenían esa información, porque recibí el premio. Y luego me tomaron fotografías”, contaría también Gómez Emilsson.

Después de 40 minutos de no tener información sobre su hijo, Gómez finalmente entró junto con la titular del IMJ a una oficina contigua a la Puerta Mariana, y ya no fue visto salir por la prensa.

Al filo de la una de la tarde, es decir, hora y media después de que empezó todo, un funcionario de la Presidencia de la República explicó que se encontraban en “la agencia número 33 del Ministerio Público” y que en breve se emitiría un comunicado.

Desconcertados, los abuelos del joven, Ingvar Emilsson, también académico de la UNAM, y Oliva Sánchez, abordaron un taxi y fueron en busca de sus familiares.

Los encontraron en el juzgado cívico número 33, en la estación del Metro Pino Suárez, pero nadie sabía aún qué pasaría con ellos. Para entonces, Los Pinos ya había informado que no formularía cargos contra ellos.

En cuestión de minutos, los agentes del juzgado cívico les informaron que ya podían retirarse. “Hubo un desistimiento, lo cual me parece lógico, después de que los tuvieron detenidos ilegalmente”, expresó Luis Gómez.

Un comandante de nombre Raúl Olvera todavía explicó que habían violentado la Ley de Cultura Cívica. “Pero el señor Presidente giró instrucciones para que no se les sancionara, ya que el muchacho lo único que hizo fue decir su sentir”.

La detención de jóvenes, muestra temor del Ejecutivo

Roberto Garduño

La detención de los dos jóvenes que increparon a Felipe Calderón Hinojosa en Palacio Nacional representa “el rechazo y la animadversión que el Presidente de la República provoca aún en amplios sectores de la sociedad; y es muestra del grado de intolerancia y temor del Ejecutivo federal hacia sus opositores”, señalaron diputados de PRD y PT.

Humberto Zazueta y Silvano Garay coincidieron en que el suceso del día de ayer, durante la ceremonia de entrega del Premio Nacional de la Juventud, se “repetirá y seguirá a Felipe Calderón durante el resto de su mandato”.

Para Zazueta, la actitud de los integrantes del Estado Mayor Presidencial, “que además reciben su instrucción y su haber con recursos públicos, es decir, aportados por la misma sociedad, es relevante porque criminaliza la oposición y la discrepancia; manifiesta, además, el temor que al sistema le provoca el malestar de los ciudadanos.

“A pesar de no habérseles sometido a un proceso legal, por la buena voluntad de la Presidencia de la República, los jóvenes inconformes ya fueron tachados como rebeldes por la mayoría de los medios de comunicación que los tomarán como carne de cañón para defender a quien es indefendible, me refiero a Felipe Calderón”.

El legislador perredista señaló que si “el Presidente hubiese tenido visión de Estado, es decir, de conocer lo más intrínseco del poder, hubiese impedido que los agentes que le vigilan las espaldas se lo hubiesen llevado, en lo que constituye un hecho vergonzoso para quien ocupa Los Pinos”.

Con preocupación, Silvano Garay, del Partido del Trabajo, recordó que en los hechos y en el discurso se manifiesta “el endurecimiento del régimen panista. Al rechazo y la animadversión que concita, en una gran porción de la sociedad, Felipe Calderón ha respondido con una campaña mediática para inculcar el temor y el miedo, acompañada de mensajes subliminales para que se aliente la intolerancia contra aquellos que no comparten en nada la visión de la vida que defiende el encargado en turno de Los Pinos”.

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Editorial

Protestas de jóvenes, división del país

Ayer, en el contexto de la entrega del Premio Nacional de la Juventud 2008, los jóvenes Andrés Leonardo Gómez Emilsson y Marco Virgilio Santiago Jiménez, de 18 y 24 años, respectivamente, fueron retenidos durante casi dos horas por elementos del Estado Mayor Presidencial (EMP). El primero, ganador del referido galardón, llamó “espurio” al titular del Ejecutivo federal, Felipe Calderón Hinojosa, mientras éste daba un discurso; poco después, el otro exclamó: “no hay libertad en este país”. Ambos estudiantes permanecieron incomunicados en oficinas de Palacio Nacional, sin que las autoridades dieran información respecto de su estado. Más tarde, por medio de un comunicado, la Presidencia de la República informó que los jóvenes habían sido trasladados al juzgado cívico 33 “por la probable realización de conductas que son sancionadas penal o administrativamente por la legislación vigente”, y declaró que no levantaría cargos contra ninguno.

Ciertamente, no es la primera ocasión en que algún joven estudiante confronta a los estamentos del poder político nacional: entre los antecedentes de este episodio puede mencionarse el reclamo lanzado por Lucía Morett Álvarez –la mexicana herida durante la incursión del ejército colombiano en Ecuador de marzo pasado– al ex presidente Ernesto Zedillo, durante un acto en Texcoco, por las políticas de contrainsurgencia emprendidas durante su administración; deben recordarse también la protesta protagonizada por un estudiante de la Universidad Autónoma Metropolitana, en 2002, quien rompió un reconocimiento en presencia de Marta Sahagún, por el “oportunismo” de la fundación Vamos México; así como la de Carla Solares Romero, estudiante del Tecnológico de Monterrey que en 2005 increpó al presidente Vicente Fox con una cartulina en la que se leía: “se consumó el desafuero, no permitiremos que se consuma la democracia”, en alusión al proceso que enfrentó el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador.

En el caso que se comenta, por añadidura, ha quedado en evidencia una reacción por lo menos excesiva e inadecuada del mando castrense a una protesta a todas luces inofensiva de dos jóvenes estudiantes. Al respecto, no puede pasarse por alto el contexto en que estos reclamos tienen lugar: una fractura política que recorre a la sociedad mexicana y que se originó, cabe recordarlo, a finales del foxismo, cuando la camarilla político-empresarial del país se empeñó en impedir por todos los medios –legales e ilegales– el triunfo de un proyecto alternativo de nación; fue agravada con el desaseo del proceso electoral del año antepasado y con la negativa sistemática del grupo que hoy detenta el poder por llevar a cabo un recuento total de los sufragios, lo que derivó en una presidencia impugnada y deficitaria en legitimidad, y se ha profundizado en los últimos meses a raíz de los intentos del actual gobierno por trasladar los sectores más redituables de Petróleos Mexicanos a manos de empresas privadas nacionales y –sobre todo– extranjeras. En ese sentido, el descontento manifestado ayer por ambos jóvenes es reflejo del sentir de un amplio sector de la sociedad ante la percepción de una democracia endeble y ante los estragos de un proyecto político-económico de corte antipopular, que ha generado profundas desigualdades sociales; obstaculiza el mejoramiento en calidad educativa; reduce dramáticamente las perspectivas de empleo y desarrollo profesional y cancela, por tanto, las perspectivas de movilidad social, y en función del cual se pretende, para colmo de males, privar al país de su riqueza más importante: la industria petrolera nacional.

Dado el clima político presente, no pueden descartarse nuevas protestas de este tipo. Es necesario, por tanto, que el actual gobierno atienda tales reclamos de manera adecuada y oportuna, por más incómodos que estos episodios le resulten, y por más que ello implique reconocer la magnitud de una fractura de carácter nacional que, hasta ahora, se ha empeñado en minimizar.

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Se estrena en EU Fraude: México 2006

Afp

Los Ángeles, 3 de octubre. El cineasta Luis Mandoki regresó a Hollywood para promocionar su documental Fraude: México 2006, crítica del recuento de las elecciones de hace dos años en México, que se proyectará en Estados Unidos a partir del 10 de octubre. Mandoki trabajó en Hollywood 17 años, donde dirigió a estrellas, como Liv Ullmann, Melanie Griffith, Paul Newman y Kevin Costner, entre otras.

“Pero en 2006 me tocó vivir de cerca el proceso electoral, repleto de fantasmas de la época del PRI, pero esta vez con gente del PAN,” indicó Mandoki.

A raíz del polémico recuento de 2006, del cual se dio a conocer como ganador el actual presidente, Felipe Calderón, Mandoki dejó atrás el cine romántico para narrar lo que consideró un fraude.

“Habían pasado tres días de la votación y existía un clima muy tenso en las calles, entonces se me ocurrió hacer una convocatoria a la gente, para que filmara el proceso” desde su perspectiva, contó.

“Recibimos más de 3 mil horas de material. Luego teníamos que entrevistar a los protagonistas de esta historia, y el único que aceptó fue Andrés Manuel López Obrador”, el candidato del PRD, quien fue declarado perdedor por estrecho margen.

Sin palabras

“Felipe Calderón, Vicente Fox, Carlos Salinas y Manuel Espino se negaron a dar declaraciones”, recordó.

Esta negativa hizo tambalear el proyecto, “porque se inclinaría sólo hacia un lado”, admitió Mandoki. Finalmente, utilizó declaraciones oficiales de los políticos en el poder y decidieron hacer esta crónica sobre el proceso que dejó heridas abiertas, y que ahora promocionan en Estados Unidos Mandoki junto a López Obrador.

El filme tuvo un presupuesto de millón y medio de dólares, y fue casi tan taquillero como Fahrenheit 9/11, de Michael Moore.

La proyección del documental en Estados Unidos será seguida por el lanzamiento en devedé, y se suma a una serie de documentales y programas de televisión que se enfocan en elecciones polémicas y procesos dudosos, a menos de un mes de las elecciones para el sucesor de George W. Bush en la Casa Blanca.

Abre festival de cine de Morelia con Che, de Steven Soderbergh

Ernesto Martínez Elorriaga, corresponsal

Morelia, Mich., 3 de octubre. Este sábado se inaugurará el sexto Festival Internacional de Cine de Morelia, con la cinta Che, el argentino, de Steven Soderbergh, así como más de 40 estrenos de otros países; 25 documentales; 45 cortometrajes, y seis largometrajes mexicanos en competencia, informó el vicepresidente del encuentro, Cuauhtémoc Cárdenas Batel. Agregó que los recursos que se obtengan por taquilla se donarán al fondo de ayuda a las víctimas de los atentados del pasado 15 de septiembre. Cárdenas Batel comentó que es importante que la gente asista a las salas como gesto de solidaridad. “Hay tristeza, pero se tiene que dar el mensaje de que la vida sigue. No podemos ceder el espacio para que estos grupos controlen nuestras vidas.” Acompañado por el gobernador del estado, Leonel Godoy, y por el presidente municipal, Fausto Vallejo, Cárdenas afirmó que no ha habido cancelación de invitaciones, sino al contrario, hay gente que ha pedido acudir como muestra de solidaridad. Indicó que durante el festival se tomarán las medidas que recomienden las autoridades para garantizar la calma, pero nada que implique una seguridad excesiva que afecte el festival. Afirmó que el encuentro moreliano se ha ido colocando en el circuito de festivales internacionales, además de ser escaparate para que el cine mexicano se tome en cuenta en otros países. Dentro del festival se proyectarán películas de la Semana Internacional de la Crítica del Festival de Cine de Cannes 2008. Asimismo, se exhibirá el Foro de las Naciones, dedicado a películas realizadas por indígenas de diferentes partes del mundo, además de un homenaje a Julio Alemán.

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■ El Estado perdió el control y cometió la locura de la matanza

Los estudiantes del 68 abrieron un boquete al muro del poder

■ El 2 de octubre, ser viviente que en 40 años ha significado muchas cosas

Hermann Bellinghausen

Ampliar la imagen Marcha, a 40 años del 2 de octubre Marcha, a 40 años del 2 de octubre Foto: Carlos Ramos Mamahua

Conmemorando unos hechos que el poder pretendió borrar con ahínco y pésimos resultados, lo que se celebra cada 2 de octubre no es sólo una fecha inolvidable. Es un ser viviente, que durante 40 años ha significado muchas cosas. Y aún ahora, tan “oficial” que hasta el Senado guardó un minuto de silencio, se celebraron marchas de protesta en todo el país.

Fue la hazaña de unos jóvenes que desafiaron al poder en un momento en que éste era presa de la paranoia. Díaz Ordaz y Echeverría siempre se dijeron convencidos de que se trató de una “conspiración contra México” (o sea contra ellos). Que actuaron con patriotismo. Si los orígenes del movimiento parecieron banales, es lo de menos. Los estudiantes vieron que le habían abierto un boquete al todopoderoso muro del poder priísta, se plantaron delante y supieron estar a la altura de las circunstancias.

La matanza de Tlatelolco fue un despropósito, una locura, una tontería histórica. No que no tuviera el gobierno un récord represivo, exitosamente acallado hasta 1968: maestros, ferrocarrileros, jaramillistas, médicos. Pero perdió el control. Fue la primera vez que el Estado mexicano creyó a los gringos sobre “qué ocurría” en nuestro país y lo peligrosa que era la “conjura comunista”.

Después, asustado de su crimen, el gobierno procedió a limpiar su cochinero, lavar la plaza, desaparecer los muertos, acallar a la prensa y los ya influyentes medios electrónicos. ¿Y qué ganó? Por un tiempo sólo hubo resentimiento, o poemas de Octavio Paz y José Emilio Pacheco muy leídos por quienes leían. Y los testimonio históricos (ellos mismos históricos) recogidos por Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Luis González de Alba, Leobardo López. Ese pequeño corpus bastó para dar dignidad y legitimidad al movimiento, que nunca dejó de estar en la memoria.

Pasaron el shock del “castigo”, la cantidad de muertos, los dirigentes presos, y pasó también la gran aspirina de los Juegos Olímpicos, que sólo pospuso el resfriado. El 2 de octubre se convirtió en “la” fecha para exigir libertad para los presos (los suyos salieron en 1971, se supone que derrotados, y exilados como si siguieramos en el siglo XIX), y luego para todas las reclamaciones que se siguieron acumulando.

En el origen, una generación de jóvenes estupendos, como los reconoció Poniatowska con admiración. Politécnicos y universitarios bien enterados, inteligentes, valerosos, honestos. Los años siguieron pasando. Se sucedieron tantas luchas: electricistas, mineros, universitarios, damnificados. Y siempre el 2 de octubre estaba ahí, no sólo para recordar sino para acoger las resistencias del momento.

Tras 40 años, la efeméride ha tenido un futuro extraordinario. Notablemente, ningún medio de comunicación se quedó sin registrar y reconstruir en 2008 lo que décadas atrás se calló vergonzozamente. El país ha cambiado de muchas maneras. Cuántos silencios fueron rotos: pueblos indígenas, mujeres, minorías sexuales, los habitantes de la ciudad de México, las madres de los desaparecidos en los años 70 (y los de ahora), las huelgas y movilizaciones del entero periodo. El 2 de octubre ha sido recipiente y magnavoz hasta para la actual defensa del petróleo y la protesta por represiones y crímenes políticos en toda la República.

Hoy que en decenas de ciudades marchan los hijos y nietos de aquella generación, es la única manifestación inevitable en el calendario de las resistencias, de los años 70, 80 y 90 a lo que va del desatroso siglo XXI. Los jóvenes de entonces son sesentones. Muchos ahí permanecen. Algunos ya valieron, o fueron y vinieron. Los mejores fundaron partidos, sindicatos, organizaciones campesinas, se unieron a movimientos como el cardenista de 1988, 20 años después. O se volvieron maestros.

Unos cuántos llegaron al poder con Carlos Salinas de Gortari, pero no pudieron negar la historia y la introdujeron en los textos escolares hacia 1993, con el consecuente disgusto de las fuerzas armadas. En esa querella estaban cuando les explotó el primero de enero de 1994. Otro parteaguas.

Sigue siendo termómetro, recipiente, espejo en la conciencia de lucha de los mexicanos. Una fecha útil, viva. Además, no se ha hecho justicia. Los responsables van muriendo, impunes. Su desprestigio no basta. Por eso el 2 de octubre no se olvida.

viernes, 3 de octubre de 2008

VIDEO DE UN CHAMACO RENEGADO QUE SI TIENE BIEN PUESTOS LOS TOMATES:

VIDEO: Andrés Gómez: le grita a Felipe Calderon: ¡ESPURIO! “No hay libertad” Premio Nacional de Juventud: Palacio Nacional: EMP Se lleva al joven

Andrés Leonardo Gómez Emilsson
Increpan jóvenes a Felipe Calderón en el Palacio Nacional
Desconocen paradero de joven que protestó contra Calderón
Espera el padre de Andrés Gómez información sobre el sitio al que fue trasladado el estudiante galardonado con el Premio Nacional de la Juventud, luego de que al final del evento fue retirado por elementos del EMP Durante el mensaje que daba el presidente de la República a los ganadores del Premio Nacional de Juventud, Andrés Leonardo Gómez le grito ´espurio´, lo que le valió que lo apartaran del grupo de 19 triunfadores.

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www.youtube.com/watch?v=dqUmFtXwxnU

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Increpa joven a Calderón en Palacio Nacional
Andrés Gómez le grita ´espurio´ al presidente durante el mensaje que daba a los ganadores del Premio Nacional de Juventud
¡ESPURIO!

CALDERON GRANDISIMO PENDEJO: A ESTE ANIMAL SE LE OCURRIÓ HACER FRAUDE ELECTORAL Y REPRIMIR A LA GENTE

Ciudad de México Viernes 03 de octubre de 2008
11:52 “Espurio”, le gritó Andrés Leonardo Gómez a Felipe Calderón en el Palacio Nacional durante el mensaje que daba el Presidente a los jóvenes ganadores del Premio Nacional de Juventud. A partir de este momento Andrés Leonardo, de 17 años de edad, ganador en actividades académicas, fue custodiado por dos elementos del Estado Mayor Presidencial, quienes al final del evento lo apartaron del grupo de 19 triunfadores. Además, durante el discurso, uno de los jóvenes presentes entre el público gritó: “No hay libertad”. Inmediatamente fue sacado del Palacio Nacional por elementos del Estado Mayor Presidencial, de donde se realizaba el evento.
Chamacos valientes, que fe-cal no crea que los niños no piensan...
FECAL vivo se lo llevaron, vivo lo queremos !
MERECE SU PREMIO Y MERECE GRAN RECONOCIMIENTO
Desconocen paradero de joven que protestó contra Calderón
Espera el padre de Andrés Gómez información sobre el sitio al que fue trasladado el estudiante galardonado con el Premio Nacional de la Juventud, luego de que al final del evento fue retirado por elementos del EMP

Increpan jóvenes a Felipe Calderón en el Palacio Nacional 11:52
Increpan jóvenes a Felipe Calderón en Palacio Nacional 11:52

Sergio Javier Jiménez y Cynthia Sánchez
El Universal Ciudad de México Viernes 03 de octubre de 2008
12:00 Después de la entrega del Premio Nacional de la Juventud en donde el estudiante Andrés Gómez, uno de los galardonados, protestó, su padre Luis Gómez sigue en espera de información de a dónde fue trasladado. El joven, quien es estudiante del CCH sur y fue reconocido por su trayectoria académica le gritó al titular del Ejecutivo cuando éste hacía uso de la palabra y al término del evento fue retirado por tres elementos del Estado Mayor Presidencial. El padre del joven solicitó información del lugar al que fue trasladado el muchacho, pero hasta el momento no se le ha informado el sitio a donde lo llevaron. El profesor dijo que lo único que hizo su hijo fue manifestar una postura de desacuerdo, "sólo eso". La directora del Instituto Nacional de la Juventud, Priscila Vera Hernández rechazó hacer declaraciones y al ser abordada por los medios permaneció callada sin ofrecer respuesta alguna delante de cámaras y micrófonos. Molesta rechazó hacer declaraciones y exigió la dejaran avanzar. Sobre el paradero del joven Andrés Gómez no hizo comentario alguno mientras intentaba caminar en círculo para alejarse de los medios.

  • Trasladan al MP a joven que protestó contra Calderón
Informa la Presidencia de la República que Andrés Gómez, quien le gritó al Presidente al momento en el que hacía uso de la palabra durante la ceremonia de entrega del Premio Nacional de la Juventud, se encuentra en la Agencia 33
12:48 El estudiante Andrés Gómez, quien protestara durante la entrega del Premio Nacional de la Juventud fue trasladado ya a la Agencia 33 del Ministerio Público. La Presidencia de la República informó que en unos momentos más emitirá un comunicado sobre este hecho. Se desconoce el motivo o los cargos en contra del estudiante, quien le gritó a Calderón al momento en el que hacía uso de la palabra. El estudiante del CCH sur, Andrés Gómez, fue reconocido por su trayectoria académica con el Premio Nacional de la Juventud; durante la ceremonia de entrega le gritó al titular del Ejecutivo cuando éste hacía uso de la palabra y al término del evento fue retirado por tres elementos del Estado Mayor Presidencial.
  • Descarta Presidencia formular cargos contra jóvenes
Informan que el traslado de Andrés Gómez y Marco Virgilio al MP se debió a la probable realización de conductas que son sancionadas penal o administrativamente, al increpar al Presidente Calderón durante un evento

Trasladan al MP a joven que protestó contra Calderón 12:48
Desconocen paradero de joven que protestó contra Calderón 12:00
Increpa joven a Felipe Calderón en Palacio Nacional 11:52

Sergio Javier Jiménez y Cynthia Sánchez
El Universal
Ciudad de México Viernes 03 de octubre de 2008
13:03 La Presidencia de la República informó mediante un comunicado que no formulará cargos en contra no de uno sino de los dos jóvenes que fueron detenidos por elementos del Estado Mayor Presidencial en el Palacio Nacional durante la entrega del Premio Nacional de la Juventud. "El día de hoy elementos del Estado Mayor Presidencial en cumplimiento de las obligaciones contenidas en la legislación que regula la organización y funcionamiento de esta cuerpo castrense pusieron a disposición de las autoridades competentes del DF a los jóvenes Andrés Leonardo Gómez Emilson y Marco Virgilio Jiménez Santiago por la probable realización de conductas que son sancionadas penal o administrativamente por la legislación vigente.

"La Presidencia de la República anticipó que no formulará cargos contra éstos jóvenes".

El joven Marco Virgilio protestó de manera simultánea con Andrés Gómez, sin embargo el primero se encontraba entre el público invitado a esta evento y también fue retirado por elementos del EMP. Andrés Leonardo Gómez, de 17 años de edad y ganador en actividades académicas, fue separado del grupo de los 19 triunfadores luego de que gritó "espurio" al presidente Calderón.
  • Plasma joven que increpó a Calderón su espíritu de lucha en Hi5
Andrés Gómez, el estudiante que gritó espurio al presidente Calderón durante la entrega del Premio de la Juventud, es fundador de la High IQ Society, ganador de concursos internacionales de conocimientos, y se define como un luchador por la democracia y la educación

Plasma joven que increpó a Calderón su espíritu de lucha en Hi5
Andrés Gómez es creador de comunidades intelectuales por internet y asiduo navegador de la red (Foto: Especial )

Era mi plan no dar la mano a Calderón: Andrés Gómez 13:51

Descarta Presidencia iniciar proceso a jóvenes 13:03
Trasladan al MP a joven que protestó contra Calderón 12:48
Desconocen paradero de joven que protestó contra Calderón 12:00
Increpa joven a Felipe Calderón en Palacio Nacional 11:52


Redacción El Universal Ciudad de México Viernes 03 de octubre de 2008
15:43 Andrés Leonardo Gómez Emilsson nació el 23 de septiembre de 1990, obtuvo la medalla de plata en la Olimpiada Centroamericana y del Caribe en 2006, que se realizó en Panamá. Estudia en el Colegio de Ciencias y Humanidades Sur, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Según la página de internet http://elateneos.freehostia.com, Andrés Gómez es el fundador de El Ateneo Society o también llamada "High IQ Society", cuyo objetivo principal es "crear una mejor sociedad intelectual cada día".

En el blog http://fabricadeinventores.blogspot.com, creado por Raúl Macías, quien está interesado en promover. difundir y reconocer a inventores e inventos en países de habla hispana, Andrés escribe en un post fechado el 11 de septiembre de 2005:

"Déjame presentarme, Mi nombre es Andrés Leonardo Gómez Emilsson. Fundador de Elateneo/s society. (...) Te podré decir que he hecho mucho mi corta vida. Obtuve un primer lugar nacional (además de un tercero y un segundo en otros años) en el concurso "Olimpiada de mayo".Obtuve un primer lugar nacional en el concurso "Leamos la ciencia para todos", siendo el más joven de los ganadores. Obtuve una medalla de Bronce internacional en un concurso conocido como IJSO (International Junior Science Olympiad). Actualmente me preparo para representar a México en el concurso de física IYPT. Y entreno duro para la olimpiada mexicana de matemáticas, que ahora estoy en los finalistas del Distrito Federal. "Además soy miembro de 5 sociedades conocidas "High IQ". Y creador de The blue test.(...) Considero que nuestra interacción crea un enorme potencial de interactividad entre ambas organizaciones. Por lo pronto Elateneo/s society tiene 33 miembros a nivel internacional, de los cuales 8 son mexicanos. Cuando sean suficientes mexicanos crearé un canal específico de interacción en México (Elateneo/s México). "Estoy diseñando un examen supervisado para medir capacidades intelectuales en términos generales, para otorgar con precisión una calificación fiable en niveles aproximados de entre 90 y 140 de IQ (ds=16). La intención que lleva crear esto es para permitir medir capacidades que The blue test es incapaz de medir, pues éste último mide con precisión de 130 a 160.

En su Hi5, por su parte, escribe: "No quiero ser una persona que se comporte pasiva ante la vida y el acontecer social. El hecho de que históricamente, no ha habido una sociedad equitativa, no represiva, democrática y que respete la diversidad (humana, ideológico, ecológica, etc.), no implica que no exista un modelo social que cumpla esto, sino que no se ha descubierto (o que si se descubrió, no se ha logrado establecer), la idea sería describirlo. "Creo que la inteligencia, el conocimiento, la curiosidad y la reflexión, ayudan tremendamente en la lucha por la equidad. Y por último, que a pesar de no conocer un modelo ideal, se puede ver que actuar a nivel local, es mejor que no actuar (por ejemplo, luchar por la democracia, luchar por la educación, luchar por la ecología, luchar en contra de los paradigmas caducos de la sociedad, religión, y educación.)"

EN HOMENAJE A LOS CAIDOS EN LA MATANZA DE TLATELOLCO:

2 de octubre: NO SE OLVIDA!!

JOVENES A TOMAR LA ESTAFETA

E INTEGRARSE A LA LUCHA!!

■ Decenas de miles marchan al Zócalo para conmemorar la masacre

Castigo a los responsables del 2 de octubre, clamor popular

■ La represión en Tlatelolco, crimen de Estado, afirma el Comité 68

Gustavo Castillo, Mariana Norandi y Emir Olivares

Ampliar la imagen Integrantes del Comité Nacional de Huelga durante el movimiento estudiantil de 1968, marcharon ayer al conmemorarse 40 años de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco Integrantes del Comité Nacional de Huelga durante el movimiento estudiantil de 1968, marcharon ayer al conmemorarse 40 años de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco Foto: José Carlo González

Ampliar la imagen Sobre Paseo de la Reforma, la marcha conmemorativa de la masacre del 2 de octubre se desarrolló en forma pacífica Sobre Paseo de la Reforma, la marcha conmemorativa de la masacre del 2 de octubre se desarrolló en forma pacífica Foto: Francisco Olvera

Decenas de miles de personas marcharon en la capital del país para conmemorar la masacre del 2 de octubre de 1968. El Zócalo de la ciudad de México fue abarrotado por estudiantes, amas de casa, empleados públicos e integrantes de organizaciones sociales que se movilizaron en dos contigentes: uno que partió del Museo Nacional de Antropología y otro de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

Los contingentes avanzaron por Paseo de la Reforma y las avenidas Juárez y Madero, donde se vieron pancartas en las que los manifestantes demandaban el cese de la represión gubernamental contra los movimientos sociales, libertad para los presos políticos y, sobre todo, textos en los que exigían castigo para los responsables de la masacre ocurrida hace 40 años en Tlatelolco.

Se reconstruye aparato represivo

Durante el mitin en el Zócalo, Raúl Álvarez Garín, representante del Comité 68, advirtió que el gobierno de Felipe Calderón “está reconstruyendo el aparato de represión contra los movimientos sociales, como pasó en el caso Atenco”. Aseguró que “ya se alcanzaron acuerdos” entre Estados Unidos y nuestras autoridades “para decretar la suspensión de garantías en la frontera norte de México, porque están pensando que si hay un desplome de la economía nacional podría haber migraciones masivas hacia ese país, y para contenerlas se pretende que el Ejército se enfrente a mexicanos en territorio nacional”.

Las marchas se realizaron de manera pacífica. Sin embargo, grupos de jóvenes con el rostro cubierto con paliacates o máscaras antigases se infiltraron en el contingente que partió de Tlatelolco y provocaron desmanes en la avenida Madero, entre las calles de Palma e Isabel la Católica, causando daños a comercios y bancos de la zona.

Posteriormente esos mismos grupos protagonizaron conatos de enfrentamiento con los granaderos que resguardaban el antiguo Palacio del Ayuntamiento.

Algunos manifestantes portaban fotografías de Ignacio del Valle, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), preso en el penal de máxima seguridad de El Altiplano desde mayo de 2006; también llevaban imágenes de Demetrio Vallejo y Valentín Campa, líderes ferrocarrileros encarcelados en 1959 después de que el gobierno reprimiera la huelga del gremio.

Las movilizaciones partieron aproximadamente a las tres de la tarde. El grupo que salió del Museo Nacional de Antropología fue encabezado por los padres de Lucía Morett, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que solicitó refugio a Nicaragua tras los ataques del ejército colombiano contra un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ubicado en territorio de Ecuador.

Después se sumaron al contingente grupos de universitarios y estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN), que a lo largo de toda la marcha, además de los tradicionales goyas y huelúms, gritaban al unísono: “Poli-UNAM, unidos vencerán”.

Los integrantes de lo que fue el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que aglutinó a la dirigencia del movimiento estudiantil de 1968, así como de las coaliciones de maestros e intelectuales, se tomaron del brazo y caminaron casi al final de ese contingente, pero eran los que recibían más aplausos de parte los observadores que formaron una fila que se extendió, al igual que el cordón policiaco, desde el museo hasta el Zócalo.

Raúl Álvarez Garín caminó al frente de la descubierta, organizando a los grupos que se sumaban a la marcha, siempre detrás de Mirtocleya González, la abanderada del 68. Atrás de ellos iban Fausto Trejo, Leopoldo Ayala, César Tirado, Pablo Gómez, Francisco Gallegos, Esmeralda Reynoso, Carlota Botey, Gastón Martínez, Ignacia Rodríguez, Enrique González Rojo y Eugenio Filloy, entre muchos más que dirigieron el movimiento estudiantil.

Caminaron por las calles del centro de la ciudad recordando la historia de 1968.

Antes del cruce de las avenidas Reforma y Florencia, en la Zona Rosa, se sumaron al grupo Carlos Monsiváis, Rolando Cordera y Gerardo Estrada.

Durante la movilización se repartió un documento titulado Proclama del Comité 68 en el 40 aniversario del 2 de octubre. En ese texto se menciona que “la masacre perpetrada en la Plaza de las Tres Culturas, hace 40 años, fue un crimen que se enmarca en una política de Estado que tuvo el propósito central de destruir un movimiento cuyas demandas –amparadas en la Constitución– expresaban el cuestionamiento y el rechazo al autoritarismo y a la represión gubernamental”.

El contingente que partió de Tlatelolco estuvo encabezado por habitantes del municipio de San Salvador Atenco, que demandan libertad para Ignacio del Valle y otros 12 integrantes del FPDT que aún están presos.

Sin embargo, la mayoría de los participantes en la movilización eran estudiantes del instituciones académicas del Distrito Federal y otras entidades. Este grupo gritó consignas contra la desaparición de la escuelas normales públicas, la reforma educativa, la Alianza por la Calidad de la Educación, Elba Esther Gordillo, la reforma energética y los aumentos en gasolinas y alimentos.

Aproximadamente a las 18 horas el contingente entró en la Plaza de la Constitución, donde se realizó un mitin. Entre los oradores participaron representantes del FPDT, la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana, del magisterio disidente de Morelos, IPN, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y del Comité del 68.

Los maestros de Morelos recordaron que son ya 50 días que se mantienen en paro indefinido y advirtieron que no regresarán a impartir clases hasta anular la Alianza por la Calidad de la Educación. “Hoy decimos que este movimiento magisterial se ha convertido en un gran movimiento social; hoy decimos que en Morelos, como en el 2 de octubre, no daremos un paso atrás, porque se está depertando la conciencia de un pueblo, de toda una sociedad y de todos los trabajadores”.

Los estudiantes de la UNAM reiteraron su compromiso con la educación pública y popular, y afirmaron que “sólo con la organización independiente lograrán la expulsión definitiva de las organizaciones delictivas, como son los porros de la universidad”.

En ese sentido, cabe mencionar que cuando se desarrollaba el mitin, frente al antiguo Palacio del Ayuntamiento se presentaron conatos de enfrentamiento entre granaderos y jóvenes, lo que provocó que los oradores hicieran un llamado a “no caer en la provocación” y pidieron a los asistentes que formaran un cordón humano alrededor de la plancha del Zócalo para garantizar la seguridad y continuidad del acto.

El mitin concluyó sin que hubiera enfrentamientos directos con la policía, aunque las autoridades reportaron la detención de 20 jóvenes que participaron en los desmanes.

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■ Estudiantes alertaron sobre su presencia una semana antes

Provocadores infiltrados causan desmanes en marcha al Zócalo

Emir Olivares, Jaime Whaley, Mariana Norandi y Gustavo Castillo

Ampliar la imagen En el Zócalo, el relevo generacional En el Zócalo, el relevo generacional Foto: Jesús Villaseca

Ampliar la imagen Muestra solidaria, sobre el Paseo de la Reforma Muestra solidaria, sobre el Paseo de la Reforma Foto: José Carlo González

Jóvenes con el rostro cubierto con paliacates o máscaras antigás, con estrafalarios peinados o a rape, vestimenta oscura raída y botas de cuero estilo militar, aprovecharon la conmemoración de la matanza del 2 de octubre para causar desmanes en el Centro Histórico de la ciudad de México; rompieron vitrinas, destruyeron teléfonos públicos, realizaron pintas, saquearon comercios y agredieron a transeúntes, policías y representantes de medios de comunicación.

Semanas antes de la marcha, diferentes colectivos estudiantiles alertaron sobre la posible presencia de “porros y provocadores” en la manifestación anual, lo cual se dio; no es la primera vez, pues en años anteriores se han presentado hechos similares propiciados por la incursión de estos grupos.

La primera agresión se dio justo en el Centro Joyero de la avenida Madero, entre Isabel la Católica y Palma. Ahí, un numeroso grupo de jóvenes que cubrían sus rostros con paliacates rojos con la leyenda “2 de octubre no se olvida”, se infiltró en el contingente que marchó de Tlatelolco al Zócalo. Comenzaron a patear cortinas de los locales, rompieron vidrios y saquearon varias joyerías.

Se infiltran grupos porriles

Los contingentes estudiantiles que se percataron de los hechos los identificaron como “provocadores” e “integrantes de grupos porriles” del Instituto Politécnico Nacional, del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Vallejo, de la Escuela Nacional Preparatoria 9, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la organización Anarcos, esta última ligada más a grupos de choque que a jóvenes de la tribu urbana anarcopunk.

Con los ánimos caldeados, los agresores colocaron debajo de un teléfono público un cohetón de vara que lo hizo volar, le prendieron fuego y lo arrojaron contra la vidriera de una sucursal del banco Santander; además, destruyeron los cristales de una sucursal aledaña de Bancomer.

Arremetieron también contra camarógrafos y reporteros que seguían los hechos. Ante el caos, decenas de jóvenes corrieron a resguardarse, mientras los porros hacían pintas con aerosol.

Los granaderos se movilizaron para proteger ambos costados de Madero, lo cual causó desconcierto entre quienes participaban en forma pacífica, lo que ocasionó que se detuviera la marcha.

Ante la llegada de más elementos de seguridad, los agresores se dieron a la fuga, sin que nadie los siguiera.

Estos hechos propiciaron que los contingentes que venían detrás “cerraran filas”. Quienes los encabezaban pidieron no caer en provocaciones y que se formaran cadenas humanas para no dejar “ingresar a nadie extraño”.

Debido a esa acción no se presentaron incidentes durante 20 minutos. Sin embargo, desde lo alto de uno de los viejos edificios, entre la Plaza de la Constitución y Palma, alguien arrojó cubetadas de agua contra los manifestantes, lo cual fue pretexto para el inicio de una segunda escaramuza, que obligó a que los granaderos bloquearan el ingreso al Zócalo sobre la calle de Palma.

Al verse cercados, los “provocadores” agredieron a los elementos de seguridad. Otra vez salieron a relucir palos, cadenas, cohetones, piedras y boxers. Los policías se vieron sorprendidos ante la respuesta de los jóvenes, al grado que un uniformado trastabilló al bajar la banqueta y por no soltar su escudo cayó, lo que posibilitó que fuese pateado.

Mientras el mitin se celebraba frente a Palacio Nacional, y los contingentes terminaban de ingresar al Zócalo, policías vestidos de civil, conocidos como “indicadores”, detuvieron en la desembocadura de 20 de Noviembre a dos jóvenes que iban en el contingente de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, y a punta de golpes los subieron a un vehículo Stratus gris sin placas.

A raíz de la detención, centenares de manifestantes exigieron a gritos “¡suéltenlos, suéltenlos!” y rodearon a los “indicadores” para forzar la liberación de sus compañeros.

Entonces los anarcos llamaron a la gente a agredir a los policías. Éstos respondieron, lo que provocó otro choque. Al ver este nuevo conato en la plancha del Zócalo, los contingentes formaron una cadena humana para impedir la infiltración de algún provocador.

Tras varios escarceos, los policías abrieron paso y permitieron el avance de los jóvenes hacia el Zócalo. Cuando muchos de ellos pasaban al lado del edificio del antiguo Palacio del Ayuntamiento, volvieron a arremeter contra los uniformados que resguardaban el lugar.

Ahí se dio el colofón de los ataques que duraron más de media hora. El contingente de granaderos fue insuficiente para contener a los agresores. Un hombre vestido de negro incitaba con un altavoz a la agresión: “Ellos son el enemigo, anarquía, hay que aplastarlos”. Funcionarios del GDF y colectivos estudiantiles señalaron que quienes iniciaron la gresca fueron integrantes de la Federación de Estudiantes de Naucalpan, agrupación porril del CCH Naucalpan y la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán.

La zacapela duró varios minutos. Los policías formaron un doble escudo que fue insuficiente ante la cantidad de agresores. “Somos más, somos más”, gritaban antes de arremeter contra los uniformados.

Al verse superados en número, los policías fueron reforzados por otro contingente de elementos de a pie desarmados, quienes se sujetaron de los brazos y lograron contener a los agresores.

Cuando fueron reforzados, los granaderos corrieron tras algunos de los agresores, quienes emprendieron la huída por 16 de Septiembre y la plancha del Zócalo.

Los ánimos decrecieron cuando los jóvenes ya no vieron a los uniformados, que se replegaron sobre 20 de Noviembre y en los portales del edificio del gobierno capitalino.

Las autoridades informaron que fueron detenidas 20 personas, entre ellas 11 menores.

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■ Los chavos se adelantaron a los históricos; “déjenlos, no son carreras”, dicen los segundos

Muchachos y consignas de ayer y hoy en la marcha por los 40 años del 2 de octubre

■ El porrismo en la UNAM y el cacicazgo de Elba Esther Gordillo fueron elementos adicionales

Arturo Cano

Ampliar la imagen Con lentitud, la cadena humana se enfiló del Museo de Antropología al Zócalo capitalino Con lentitud, la cadena humana se enfiló del Museo de Antropología al Zócalo capitalino Foto: Carlos Ramos Mamahua

Ampliar la imagen Casi al concluir el mitin en la Plaza de la Constitución, varios individuos atacaron a los elementos de seguridad, cerca del antiguo Palacio del Ayuntamiento Casi al concluir el mitin en la Plaza de la Constitución, varios individuos atacaron a los elementos de seguridad, cerca del antiguo Palacio del Ayuntamiento Foto: Víctor Camacho

Ampliar la imagen En la Plaza de las Tres Culturas En la Plaza de las Tres Culturas Foto: Francisco Olvera

Con perdón de Pepe Alvarado, hay belleza y luz en las almas de estos muchachos vivos que, sin decir agua, toman la delantera sobre el Paseo de la Reforma y lanzan el primer grito de la tarde: “¡2 de octubre…!”

Los históricos no se mueven. “Que se adelanten, no es programa de carreras”, dice sin preocupación alguna Raúl Álvarez Garín, líder del movimiento de 1968, y también aquí, en las inmediaciones del Museo de Antropología, donde parte una de las marchas por los 40 años de la matanza de Tlatelolco.

“¡Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que el pinche gobierno se tiene que morir!”, gritan, tras los primeros pasos, los nietos del 68.

“Si se refieren al de Felipe Calderón, llegaron tarde”, dice un agudo observador, mientras se arma la descubierta de la marcha. Faltan muchos, pero están varios de los líderes del Consejo Nacional de Huelga, y algunos se impacientan porque los jóvenes se adelantan.

–¡Los chavos ya nos rebasaron! –dice un sesentayochero.

–¡Yo me voy con los chavos, aquí ya se anquilosaron! –grita otro.

La mayoría aguanta, en el arranque de las bromas que sellarán la tarde.

–Vámonos delante de los jóvenes, para que nos empujen –sugiere uno de los históricos.

–O para que nos levanten –previene otro.

Las bromas sobre los estragos del tiempo en “los muchachos del 68” son extensas y todos las toman a bien.

La misma abanderada

Avanzan los muchachos de ahora, siguen los muchachos de antes, en la descubierta que encabeza la abanderada, Mirtocleya González, quien lo fue también, dicen aquí, hace 40 años.

La flaca memoria o el tiempo que desdibuja los rostros conocidos sólo permiten enumerar a Félix Hernández Gamundi, Fausto Trejo, con sus 83 años, Pablo Gómez, Jesús Martín del Campo, Marcia Gutiérrez, Enrique González Rojo, Saúl Escobar.

Un tramo más adelante se incorpora el escritor Carlos Monsiváis, flanqueado por Rolando Cordera y Gerardo Estrada. Se suma brevemente a la descubierta, bajo la manta principal: “2008. Por la verdad y la justicia, contra la impunidad, la lucha sigue, sigue…”

Delante de la fila de dirigentes marcha, en su descubierta de un solo hombre, Raúl Álvarez Garín, según muchos el más avezado dirigente de hace 40 años.

–¿Y él por qué va solo? –pregunta alguien.

–Se lo merece, es el más terco –dice, a manera de elogio, el historiador Francisco Pérez Arce.

Y ahí va Álvarez Garín repite y repite que la terquedad suya y de otros ya logró “darle la vuelta” a la idea de cerrar para siempre el capítulo del 68.

El abismo generacional

Los históricos quedan a la cola. Los gritos de “fuera porros de la Universidad Nacional”, aderezados de goyas y huelums, subrayan el abismo generacional, pero no tanto como las consignas frente a la embajada de Estados Unidos. Los viejos gritan: “¡Cuba sí, yanquis no!”, en tanto que los jóvenes resumen: “¡Culeeeros!”

Pese a las bromas, algunos históricos tienen más que chisguete de voz para traer de vuelta las consignas de antaño. “Che, Che, Guevara, LEA, LEA a la chingada!”, gritan (claro, por las iniciales del ex presidente Luis Echeverría Álvarez).

En medio de esas viejas consignas reparte autógrafos, se toma fotos y ofrece declaraciones de calle, Carlos Monsiváis, quien destaca la cobertura mediática de la conmemoración y define las consecuencias del movimiento de 68 como un triunfo vigente, no como un triunfo póstumo de quienes enfrentaron el autoritarismo del régimen.

“Ho Ho Ho Chi Minh/ LEA, LEA, chin chin chin”, siguen los viejos gritos.

El recordatorio perdura y se extiende a las nuevas generaciones. Cuando se nombra a Echeverría, truena la voz una joven mujer: “¡Ya te esperan los gusanos, cabrón!”

Las consignas también se actualizan para la coyuntura: “Calderón y Echeverría son la misma porquería”, se corea aquí y allá. Y más. Un joven reparte un volante con iconos del 68 y una nueva consigna: “News Divine tampoco se olvida”

La marcha camina con lentitud, y no por la mermada movilidad de los históricos, sino porque confluye con los contingentes que partieron de otros puntos.

La división es de siempre en esta fecha. En esta ocasión hubo un argumento nuevo, según cuenta Adriana Corona, representante de la Prepa 6 ante el Consejo Nacional de Huelga en 1968. Dice que los líderes de varias escuelas se negaron a marchar por Paseo de la Reforma aduciendo que “es la ruta de López Obrador”.

Igual se encuentran algunas columnas en el cruce de Reforma y Bucareli; otras más allá, frente al Palacio de Bellas Artes.

Frente a la torre del Caballito hacen su aparición los maestros de Puebla, varios miles echados a la calle por las declaraciones y la firma de la dirigente a la que dedican la mayor parte de sus gritos: “Sacaremos a Elba Esther del sindicato”.

Las 18:10...

A esa hora, en el cruce de Juárez y Balderas se solicita un minuto de silencio. Los puños en alto, las caras serias sólo en ese momento solemne. Al fondo, el barullo de los poblanos.

“¡2 de octubre… no se olvida!”, se grita varias veces tras el recordatorio de la bengala que anunció la muerte.

Jesús Martín del Campo pasa lista de algunos de los ausentes, en primer lugar José Revueltas y Heberto Castillo. “¡Presente!”, gritan los demás. “Mártires de Tlatelolco. ¡Presentes!”

–Adelante hay una provocación –se informa por el megáfono, cuando ya se han armado los catorrazos en las calles del centro. Los provocadores se llevarán “la nota”, pese a que la mayoría de los muchachos marcharon con ganas, con ánimo festivo, gritando las consignas de sus padres y sus abuelos y corriendo libres por las calles de su ciudad.

¿Hay más ropa negra que mezclilla? Hay de todos los colores en estos muchachos que gritan los gritos de ayer y se esfuerzan en alguna, escasa, renovación. Pasan frente a un grupo de granaderos: “Hay que estudiar, hay que estudiar, el que no estudie a policía va a llegar”.

Y se siguen bailoteando: “Hay que leer, hay que leer, pa’que el gobierno no nos venga a joder”.

Pocas calles antes de llegar al Zócalo, los vándalos de “la nota” la emprenden contra algunos comercios. La mayor parte de los estudiantes se abre, quiere alejarse. A los primeros golpes, los de las prepas gritan: “¡Fuera porros de la UNAM!”

Apretujados, haciéndose bolita para protegerse unos a otros, se inventan otro grito: “¡No hagan violencia, eso no es protesta!” Llegan al Zócalo un tanto escamados. “Ya ni gritamos al entrar”, dice una alumna de la Preparatoria 6.

En la plaza, el sonido es malo. El escenario lo dominan algunos estudiantes de la Prepa Popular y de Chapingo. Sólo adelante, cerca del Palacio Nacional, reciben atención consignas entre ecológicas y agraristas, como “el campo es vida, el pueblo no lo olvida”.

En el otro extremo de la plaza, una incursión de los granaderos provoca una nueva escaramuza. Vuelan botellas y palos. Decenas de estudiantes piden calma, gritan su rechazo a la “provocación”, hacen una valla, tomados de las manos, para separar a los granaderos de algunos jóvenes encapuchados que, armados de garrotes, la quieren seguir. La mayoría son mujeres que no pasan de los 20. Los encapuchados les hacen señas obscenas y luego se van.

Las muchachas se van a la plaza, se sientan en el suelo, conversan, leen sus mensajes de celular. Era la conmemoración de sus padres o abuelos y ya es suya, sobre todo cuando se sientan alrededor de una enorme manta negra con letras blancas que dice: “Ni perdón ni olvido”.

Poco después entran los históricos, y jóvenes y viejos aplauden su carrera de resistencia.

■ Fue presentado por Carlos Payán Velver, Carlos Monsiváis y Raúl Álvarez Garín

El 68, historia de una derrota transmutada en victoria ética, plantea libro de Pablo Gómez

Rosa Elvira Vargas

Ampliar la imagen Fausto Trejo, Carlos Payán, Carlos Monsiváis, Pablo Gómez y Carmen Aristegui, en el Centro Cultural Tlatelolco Fausto Trejo, Carlos Payán, Carlos Monsiváis, Pablo Gómez y Carmen Aristegui, en el Centro Cultural Tlatelolco Foto: José Carlo González

Como era su intención, Pablo Gómez logró provocar a la concurrencia que acudió el miércoles al Centro Cultural Tlatelolco a la presentación de su libro 1968, la historia también está hecha de derrotas.

Sin embargo, y por tratarse de una crónica elaborada a partir de los archivos de Gobernación, para Carlos Payán Velver y Carlos Monsiváis, dos de los comentaristas de la obra, gran parte de su mérito está en el hecho de que en ese material no existen órdenes o confesiones (del gobierno), sino el testimonio de quienes fueron las víctimas del movimiento estudiantil.

Esto, porque como apunta el autor en el prólogo, “somos no-sotros quienes estamos en ese archivo: la gente del pueblo que nos apoyaba, los volantes que repartíamos, los letreros que pintábamos, los discursos que pronunciábamos, las defensas que emprendíamos y las represalias que tomábamos… No existen, sin embargo, los reportes del 2 de octubre, cuidadosamente eliminados del archivo”.

Para Monsiváis, sería necesario añadir a lo anterior que ese “nosotros” de los expedientes de Bucareli fue “difamado, calumniado y absolutamente tergiversado”. Informativamente, el libro de Gómez, añadió el escritor de Días de guardar, es de una riqueza notable. Recupera o precisa, o trae a luz por vez primera, episodios muy significativos.

Pero el punto del debate por el término de “derrotas” en el título no satisfizo al numeroso público que se presentó a la cita. Y a la pregunta de Carmen Aristegui, de si debía considerarse al movimiento estudiantil del 68 como una derrota, decenas de brazos con la “v” de la victoria se alzaron espontáneos para negarlo.

Gómez Álvarez –a quien acompañaron también algunos senadores, ex dirigentes del 68 y líderes del PRD– indicó que él no habla en el libro de “derrota para siempre”, ni utiliza el término como sinónimo de fracaso, pero Monsiváis pidió definir tanto el fracaso como la victoria.

El 68, resaltó, “es la gran memoria histórica de México en la segunda mitad del siglo XX”. Ha probado que no fue un antecedente, “es un presente perpetuo mientras no exista la posibilidad de darle fin a la impunidad tan bendecida por el Poder Judicial entonces y por el Poder Legislativo”. Estableció que negar frente a la derrota aplastante la victoria ética y moral en el 68, “es borrar la dimensión de las hazañas que Gómez narra”.

Para Carlos Payán, se trata de una saga maravillosa. Con este libro se aprende, “aunque ya se supiera, que aquellos jóvenes eran los mejores del mundo”, apuntó el ex director de La Jornada.

Raúl Álvarez Garín, ex líder estudiantil en 1968, indicó a su vez que estos materiales ayudan a examinar las cosas con toda propiedad. Hacerlo, pidió entonces, con la divisa de la honestidad intelectual. “De repente Sócrates Amado (Campos Lemus) es el responsable de todas las tragedias y desgracias, y se dicen una gran cantidad de cosas acerca de él. Yo en mi experiencia no las comparto, sino que además me parecen absolutamente inventadas”, señaló como ejemplo de cómo debe abordarse el análisis de aquel año.

El paso de la marcha de CU al zócalo por el bulevar denominado Díaz Ordaz

Desde la mañana hasta la noche y con diversas expresiones se conmemoró el 2 de octubre



Martin Hernandez Alcantara

Hay quienes dicen que el 2 de octubre ha pasado a ser una fecha más en el anecdotario de las desgracias nacionales y que no tiene repercusiones en la memoria colectiva. Pero la diversidad de actos con los que muchos grupos de la sociedad civil poblana recordaron la matanza de Tlatelolco, indica que persiste la exigencia de castigo a los asesinos, que son vigentes las demandas de democracia expresadas hace 40 años, porque no han sido satisfechas, y que hay un ejército de jóvenes que no se resignan al estado de cosas que impera en el país.

Desde la mañana y hasta la noche hubo manifestaciones distintas para conmemorar la masacre de la Plaza de las Tres Culturas. Los protagonistas fueron, como cada año, estudiantes y maestros de la Universidad Autónoma de Puebla, aunque en esta ocasión también hubo un acto oficial, institucional, a cargo de la rectoría de al máxima casa de estudios.

La jornada inició con una marcha que tuvo dos puntos de partida: el mercado Hidalgo, de donde partió el contingente más numeroso –mil 200 personas, aproximadamente, según los cálculos gubernamentales– conformado por militantes de la Unión Popular de Vendedores y Ambulantes 28 de Octubre y otras organizaciones afines; y Ciudad Universitaria, de donde salieron al rededor de 500 universitarios, en su mayoría estudiantes, que fueron los más entusiastas.

Escoltados por algunas patrullas y motociclistas de Seguridad Vial, los jóvenes avanzaron por las calles de Jardines de San Manuel y Zona Dorada, clamaron algunas de las consignas clásicas del movimiento: “¡educación primero, al hijo del obrero, educación después al hijo del burgués!”, pero también hicieron reclamos sobre realidades que se han agravado al paso de los años. Por ejemplo, cuando pasaban frente a negocios de franquicias como las tiendas Oxxo, las concesionarias de autos como Nissan, Volkswagen y General Motors, así como sucursales de bancos BBVA Bancomer y Santander, espontáneamente se escuchaba “¡Esos son, esos son los que chingan la nación!”, clamor que hacían señalando con sus dedos los edificios de esas empresas.

Mientras eso sucedía, un pequeño contingente de la Coordinadora de Redes Ciudadanas que se encontraba en la intersección de Calle del Ejido y el bulevar Gustavo Díaz Ordaz, improvisaron una ceremonia para defenestrar al presidente acusado de genocidio. Sobre el mobiliario urbano que sirve para la señalización, taparon el nombre oficial de la rúa con calcomanías que decía: “Bulevar Mártires de 1968”.

Los de la Coordinadora se unieron a los estudiantes que venían de CU y juntos se enfilaron hacia Plaza Dorada. Frente a ese centro comercial, los jóvenes dieron una muestra de su experiencia en las manifestaciones públicas. Quienes iban al frente de la columna indicaron con los altavoces hacer “un ocho”: en pocos segundos el contingente se agachó por completo y esperó el conteo: al llegar al ocho, todos arrancaron a correr y a esa velocidad tomaron el bulevar Héroes del Cinco de Mayo.

Orientación vial

Orientados por los uniformados, entraron al carril central de la vía. Frente al Centro Escolar, algunos estudiantes de la preparatoria del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec sacaron sus celulares para tomar fotos y videos de los marchistas. Desde el carril de baja velocidad hubo automovilistas que insultaron a los muchachos: “¡huevones!, ¡pónganse a trabajar!, ¡chamacos pendejos!”, les dijeron, pero también otros los saludaban con el claxon, levantando el pulgar o haciendo el ademán de la victoria.

Al filo de la 19 Oriente, el contingente dejó de tener la protección que les brindaban los oficiales de Seguridad Vial que bloqueaban el tránsito de las calles por las que pasaban. Los pocos adultos que iban al frente de la marcha, se vieron entonces obligados a interponer su cuerpo para bloquear el tráfico.

En la intersección del bulevar 5 de mayo y la 11 Oriente, hubo un accidente provocado por la desesperación de un conductor que quiso ganar el paso al contingente y terminó colisionando su unidad con otra. El incidente no pasó a mayores.

Originalmente los muchachos habían planeado dar la vuelta en la rotonda que está casi en frente del Puente de Analco, para ingresar al zócalo por el callejón de Psicología, que se ubica en la 3 oriente, pero una patrulla les cerró el paso y los obligó a entrar a la Plaza de Armas por la avenida Juan de Palafox y Mendoza, en sentido contrario a la circulación vial.

Una anciana que se encontraba a fuera de la iglesia de San Roque, al ver que las patrullas venían abriendo paso a la columna, le reclamó a un agente: “¡Cómo vienen escoltando a estos revoltosos y metiendo los coches en sentido contrario, ya ni chingan!”, furioso, el servidor público reviró: “¡Señora, no ve usted lo que venimos haciendo, tenemos que traer la marcha por acá y sacarla para allá!”.

No se sabe si los jóvenes tenían o no la intención de pasar frente al Edificio Carolino, sede de la rectoría, pero aprovecharon bien la oportunidad que les brindó el cambio de ruta, pues conforme se iban acercando al inmueble que alberga las oficinas principales de la administración central de la Universidad Autónoma de Puebla, empezaron a gritar: “¡Marín y Agüera, la misma chingadera!”.

La marcha se paró frente a la iglesia de La Compañía de Jesús y entonces hubo arengas en contra de la “banalización de la universidad”, que ha perdido su sentido, “crítico, democrático, humanista y popular”.

Los muchachos volvieron a hacer un “ocho” para llegar al zócalo, donde ya los esperaba el contingente mayor. Ahí, pasadas las 13:30 horas inició un mitin en el que los oradores exigieron castigo a los culpables de la masacre del 2 de octubre, pero recordaron que también ha habido en el país otras matanzas impunes, como la de Aguas Blancas y El Charco, así como infamias como las represiones contra los campesinos de Atenco y los integrantes de la Asociación Popular de Pueblos de Oaxaca.

Hubo quema de efigies de Díaz Ordaz y del gobernador Mario Marín Torres.

Otras conmemoraciones

Minutos antes, en el Edificio Carolino, el rector de la UAP, Enrique Agüera Ibáñez, quien, acompañado de autoridades y universitarios que participaron en las movilizaciones del 68, develó una placa conmemorativa, presentó un libro sobre el movimiento e inauguró unas jornadas de reflexión sobre el tema.

Paralelamente, el callejón de psicología tuvo actividad todo el día. Por la mañana hubo un encuentro de artistas plásticos que pintaron mantas y lienzos; al mediodía se preson grupos musicales y en la tarde se organizó una mesa de reflexión por parte del Nodo de Derechos Humanos y por los integrantes de La otra campaña.

Las actividades culminaron en el zócalo de la Angelópolis, donde varios ciudadanos depositaron veladoras encendidas para recordar a los caídos en la Plaza de las Tres Culturas.


Continúa el paro de labores en el SNTE de Huauchinango



Martín Hernández Alcántara

El paro de labores escolares iniciado el miércoles pasado en varias regiones de la entidad continuó ayer en la de Huauchinango, donde según reportes de la Coordinadora Regional de Desarrollo Educativo Número 1 fueron al menos 3 mil 500 los profesores que no impartieron clases en 556 escuelas, por lo que unos 80 mil alumnos no tomaron clases.

La protesta es parte de la estrategia que tiene el Consejo Magisterial de Lucha para oponerse a la Alianza por la Calidad Educativa que impulsa el gobierno federal encabezado por el panista Felipe Calderón con ayuda de la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), presidido por Elba Esther Gordillo Morales.

El mayor número de centros escolares en paro, según reportes de las autoridades educativas en aquella región, se ubica en los municipios de Huauchinango, Xicotepec de Juárez y Honey.

El Consejo Magisterial de Lucha planea proseguir hoy con la suspensión de actividades y llevar a cabo paros escalonados a partir de la semana entrante.

Las regiones de Huauchinango, Teziutlán, Libres, Tepeaca e Izúcar de Matamoros están identificadas como las de mayor influencia para el Consejo, que inició protestas en agosto pasado y una de cuyas demandas principales es la destitución de Elba Esther Gordillo Morales como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE.

También repudian las reformas a la ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado que, entre otras cosas, elevó la edad para jubilación de los empleados del sistema público.

El miércoles pasado, miles de profesores de las secciones 23 y 51 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación suspendieron en escuelas de todo el territorio poblano, principalmente en las regiones de Huauchinango y Teziutlán –ubicadas en la Sierra Norte– y en la de Izúcar de Matamoros, perteneciente a la Sierra Mixteca.

Los mentores se manifestaron en contra de las pruebas de la Alianza, argumentando que no tienen propósitos definidos y son discriminatorias.

Gilberto López y Rivas

A 40 años: ¡2 de octubre no se olvida!

El día de ayer se recordó la masacre que el gobierno mexicano llevó a cabo hace cuatro décadas en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco para terminar abruptamente el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968. Este ha sido uno de los crímenes de Estado más aterradores que se registran en la historia del México contemporáneo. El ataque contra una multitud pacífica e indefensa se realizó con todos los agravantes de ley: premeditación, alevosía y ventaja, y en él participaron como autores materiales el Ejército en uniforme y sin uniforme, esto es, el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia, y los francotiradores apostados en las azoteas de los edificios próximos, los diversos cuerpos policiacos y de inteligencia de la época. Los autores intelectuales más señalados son el ex presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz; su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez; los mandos militares de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y el Estado Mayor Presidencial, así como diversos altos funcionarios de la policía y del entonces Departamento del Distrito Federal. Ninguno de los responsables materiales e intelectuales ha sido castigado por ese delito de lesa humanidad, por lo que a 40 años priva la impunidad. Este acontecimiento cimbró para siempre a una generación que guarda en su memoria una lección indeleble: la clase en el poder recurre al uso de la violencia genocida si considera amenazados sus intereses y privilegios.

El movimiento de 1968 es la culminación de una década de intensas luchas populares que se inició a partir de la represión de la huelga ferrocarrilera de 1959; el asesinato de Rubén Jaramillo, en 1962; el activismo del Movimiento Revolucionario del Magisterio; los movimientos huelguísticos de los telegrafistas y los médicos, y las acciones de una franja importante de grupos que optaban por la lucha armada bajo la influencia del triunfo de la Revolución Cubana. La década de los 60 es una fragua de acciones, debates, acontecimientos que ponen en el centro la posibilidad de la revolución: recordemos que en estos años la comprensión equívoca de la experiencia cubana deriva en muchos casos en un foquismo esquemático y tiene amplias repercusiones que culminan con el apresamiento y asesinato de Ernesto Che Guevara en la Bolivia de 1967. El subcontinente latinoamericano era un rosario de movimientos guerrilleros y de grupos armados en preparación a los que no escapa México. La discusión sobre el reformismo de los partidos comunistas tradicionales se “subsanaba” en muchos países con grupos clandestinos que tenían como meta la acción armada.

El movimiento estudiantil tomó a los militantes profesionales de esas organizaciones revolucionarias por sorpresa, dado que sus perspectivas apuntaban a sectores “estratégicos”: la clase obrera, y como aliado “secundario”, el campesinado. Los estudiantes, aunque constituían una de las fuentes importantes de reclutamiento de esos organismos, no eran apreciados como un sujeto revolucionario capaz de impulsar un proceso de la envergadura del que se inició el 26 de julio de 1968, a raíz de una violenta represión policiaca a la manifestación de apoyo a la Cuba revolucionaria en esa fecha significativa.

Antes de estallar el movimiento, las llamadas “sociedades de alumnos” eran una forma organizativa muy común entre el estudiantado, aun en aquellos centros educativos con hegemonía de la izquierda. El movimiento tornó obsoletas esas estructuras que en algunos casos eran utilizadas por el partido oficial para la cooptación de dirigentes estudiantiles, surgiendo en su lugar los comités de lucha nombrados en asambleas generales, cuyos delegados integrarían el Consejo Nacional de Huelga, una forma democrática de organización que funcionó hasta el final sorpresivo del movimiento.

El 68 se caracterizó por sus grandes y combativas marchas: las de agosto y septiembre, la del silencio, la de las antorchas; se recuerda por la generosidad, alegría, irreverencia e imaginación de esa generación marcada por un movimiento que le dio una señal de identidad. Este movimiento se integró principalmente por estudiantes y profesores (pero también por padres y madres solidarios) de las distintas escuelas y facultades de la UNAM, el Politécnico, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, aunque se sumaron rápidamente alumnos de la educación media y superior de escuelas y universidades de diversas procedencias sociales, e incluyeron a no pocos estudiantes de centros universitarios privados incorporados a las brigadas de información y propaganda que recorrían la ciudad y constituyeron un efectivo medio de comunicación que se enfrentó con éxito a los grandes medios controlados por el gobierno.

El 68 fue un acontecimiento histórico de gran magnitud que impactó a grandes sectores sociales mediante los jóvenes estudiantes, quienes como nunca sintieron el cariño popular no sólo en la ciudad de México y sus alrededores, sino en todos los estados donde el movimiento se expandió. Se demandaban mínimas libertades democráticas, la libertad de los presos políticos y el fin de un régimen autoritario por parte de un Estado que nunca estuvo dispuesto a resolver el conflicto. Se llegó hasta el final trágico decidido por el poder, hasta Tlatelolco, donde se aprendió la significación de la dignidad y la lucha que no claudican y que fructifican hasta nuestros días.

Siempre recordaré, en ese día fatídico, a una mujer imperturbable y erguida en medio de las balas, los gritos de los heridos y la angustia de la gente que frenéticamente buscaba protegerse; ella levantó lentamente sus brazos, haciendo con sus dedos la señal de la V de la victoria que el movimiento adoptó, mientras la plaza se llenaba de muerte, dolor y luto.

jueves, 2 de octubre de 2008

INTERESANTE ARTICULO DEL MONSI SOBRE EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DEL 68:

Los “medios de comunicación” del Movimiento

Carlos Monsiváis


Imagen inédita que forma parte de la exposición Y era nuestra herencia, que se inaugura hoy Foto cortesía Museo del Estanquillo/ Colección de Carlos Monsiváis

El Movimiento dispone de sus “medios masivos”: las marchas, las asambleas, los mítines, los manifiestos y las brigadas. Por decirlo pronto, las marchas son espectaculares, anticipos y creaciones notables de la vida ciudadana. Si a estas alturas tantos recuerdan y con tal enjundia esas marchas no es nada más por la necesidad de ennoblecer el pasado (inevitable y legítima), sino porque son una aportación innegable del Movimiento, la mezcla logradísima de responsabilidad y relajamiento. Las marchas son exploraciones de la ciudad, exhibiciones de poderío numérico, concursos discretos entre escuelas y facultades de récords de asistencia, prácticas políticas expresadas como teatro de masas. Las marchas exacerban al gobierno, y le permiten a los estudiantes instaurar el diálogo consigo mismos (el reparto de lo colectivo en lo individual). Y lo que le otorga su dimensión especial a estas demandas actuadas, es el poder de convocatoria. Ya no son las manifestaciones simbólicas o sintomáticas que el tamaño de la ciudad ahoga, y gran parte de la emoción, como suele suceder, se desprende del júbilo demográfico. Si somos tantos, nuestra causa no es ni marginal ni reprimible ni alegórica. Por lo menos en el capítulo de las marchas, el Movimiento no conoce el declive.

Si las asambleas, tan repetitivas, son un pregusto del fastidio de la eternidad, y si en los mítines sólo en contadas ocasiones se oyen en su integridad los discursos, en las marchas el Movimiento se desarrolla al otorgarse a sí mismo disciplina, vehemencia, sentido lúdico y orgullo por la persistencia y el crecimiento. Sin que jamás se olvide el maltrato a la UNAM y el Politécnico, se reafirma la ira ante quienes, al cerrarse a cualquier posibilidad de diálogo, los tratan como niños regañables o incluso suprimibles. Y las declaraciones de autonomía o de mayoría de edad súbita, se expresan a través del frenesí multitudinario, ordenado por el temor a las provocaciones, asido a las consignas básicas, y de humor ya un tanto alejado de las tradiciones de izquierda. Cada contingente sella compromisos de grupo, de escuela, de actitud. Son, por ejemplo, combativos y homogéneos los de Ciencias, Economía, Filosofía y Letras, Ciencias Políticas, la ESIME, la ESIA, la ESIQUE, las Normales. De otras facultades de historial más “despolitizado”, se reciben sorpresas, por la cantidad y el entusiasmo de los participantes. Los que estrenan disidencia se felicitan por hacerlo y se radicalizan por un tiempo o, un puñado, hasta el día de hoy. Lo más probable es que sea su única experiencia política, lo seguro es que la seguirán contando hasta el fin de sus días o de los días de los oyentes. Si en un comienzo no entienden la regla de oro de estas marchas, cifrada en el anhelo de un “relajo escultórico”, si tal cosa es posible, la aprenden con rapidez.

Sigue vigente el “¡Únete Pueblo!”, ya un tanto inútil en estos meses porque tantos participantes no pueden ser sino pueblo (Tal vez hubiese funcionado mejor un “Únete Elite”, para denotar el carácter plenamente popular de la manifestación). Hay transformaciones satíricas de la publicidad gubernamental: “Cuando todo granadero/ sepa leer y escribir,/ México será más grande,/ más próspero y más feliz”. Hay variantes de frases publicitarias: el jingle “¿Y qué es lo que queremos? La cerveza de barril embotellada”, se transforma en “¿Y qué es lo que queremos? A Corona del Rosal embotellado”. Un lema reiterado es de corte tradicional: “¡Muera Cueto!”, en honor de Luis Cueto Ramírez, jefe de la policía (contribuí, de algo debo envanecerme, con el texto de una pancarta: “Santa Madriza, patrona de los granaderos”). Y en la manifestación del 5 de agosto convocada por el Politécnico que parte de Zacatenco y termina en las instalaciones del IPN en Santo Tomás, se inicia una práctica que desconcierta. Se cuenta a partir del número uno, y llegando al 22 se hace una pausa y se grita “¡23 MUERTOS!”, con júbilo funeral no muy comprensible. Luego, ya en septiembre, de los 23 se pasa a los “¡32 MUERTOS!”, con alborozo idéntico.

¿Por qué se adopta una necrofilia tan rumbera? No porque los muertos no importen, ni siquiera porque el carácter unilateral de las defunciones abone el desprestigio histórico del gobierno, sino porque siempre alboroza cobrarle deudas a la represión. Antes, las víctimas desaparecían para siempre; ahora, así sea sin nombres, se recuerda su existencia a sus victimarios. El mecanismo es muy simple, pero no despoja al rosario luctuoso de su carácter disparatado, ni hace menos penosa la falta de investigación al respecto. Si el gobierno lo controla todo y es casi imposible averiguar con eficacia la cifra de muertos y heridos, el facilismo elige un número porque sí, y lo califica de hazaña. “¡32 MUERTOS!”, es decir, 32 pruebas fehacientes de la monstruosidad priísta. Se pudo escoger cualquier otro dígito, lo importante es afinar el resentimiento.

Estos detalles sin embargo no afectan la elocuencia de las marchas, auténticas fiestas democráticas aunque nadie entonces hubiese recurrido al término. En el grupo que apoya la idea y los manifiestos de la Asamblea de Intelectuales, Escritores y Artistas, se estudia el tono de los estudiantes porque, si no se interviene en asambleas y comisiones, importa ser testigos de primera fila del cambio de mentalidad. Una noche, en casa de Selma Beraud, le comento a Pepe Revueltas mi entusiasmo por la fibra de los estudiantes, así yo la viva a cierta distancia. Revueltas se asombra: “No te entiendo. El Movimiento nos vuelve a todos estudiantes. Tenemos que aprender desde el principio la transformación de las vanguardias. Por eso hay que proponer la autogestión”.

El sentimiento de vanguardia, sin ese término, sí que se propaga y se vuelve determinante. El lema de los estadunidenses, “Desconfía de todo aquel mayor de treinta años”, se convierte en “Desconfía de todo aquel seguro de su porvenir burocrático”. En Ciencias hay un graffitti: “La madurez es un tigre de papel”. En la Facultad de Filosofía, a instancias de Ignacio Osorio, se inaugura el “Paseo de la Momiza” para honrar los bustos de próceres de la Academia que contemplan la efervescencia de los alumnos irresponsables. Lo comentado y escrito sobre el poder estudiantil se desplaza a las asambleas, así no sea nunca la ideología oficial del Movimiento. En un volante se reproduce la cita de José Cadalso que en 1968 José Emilio Pacheco rescata en una de sus crónicas desde Europa para La cultura en México: “Cuéntese, pues, por nada lo pasado y pongamos la fecha desde hoy”.

De la defensa de la UNAM y del IPN se pasa casi sin darse cuenta, y sin método, a la demanda de la educación superior diferente por completo. Según el líder del 68 alemán Rudi Dutschke “No se puede cambiar las universidades sin primero cambiar la sociedad”. A lo que fue resistencia impulsiva y necesaria, se agregan ráfagas ideológicas que enjuician el sistema capitalista y la función social que le atribuye a las universidades. Desconfía de todo aquel sin vocación de graffitero. Afirman Dutschke y Daniel Cohn-Bendit: “Ser de extrema izquierda es politizar y actuar para destruir la estructura represiva de las instituciones”. Desde luego, esta profesión de fe nada más la comparte un sector muy reducido, que no la explica de modo convincente, pero la retórica exacerba el miedo del gobierno al cumplimiento de su profecía.

Cuéntese, pues, por nada lo pasado y pongamos la fecha desde hoy. En las asambleas y en los mítines se impone una vanidad de “clase cronológica” o como se le diga a la seguridad de que si nada se ha modificado en el país con todo y una revolución, se debe a la ineptitud o la complicidad de las generaciones anteriores, esas que, presumiblemente, ya no irán a esta marcha.

Este 2 de octubre se cumplen 40 años del movimiento estudiantil que trastocó la estructura del poder en México. Con motivo de esa efeméride, Carlos Monsiváis escribió el libro El 68: la tradición de la resistencia, que en breve será publicado. Con autorización de Ediciones Era, La Jornada ofrece a sus lectores un adelanto.